jueves, 24 de mayo de 2018

Lemmings

A veces no hablas. No dices nada y no puedo adivinar si es porque no te apetece o no puedes hacerlo. Apostaría mi suspiro de alivio a que algo te inquieta y no quieres preocuparme. Lo intento leer en tus ojos, en las frases que se dibujan en tu frente cuando frunces el ceño, en cada exhalación de aire que balancea suavemente las arrugas de tu camiseta. Dentro de tu cabeza están trabajando cientos de Lemmings, lo sé porque, si fijo la mirada en un punto de la habitación y agudizo el oído, soy capaz de escucharlos. Te están construyendo un muro. Lo hacen bajo tus órdenes, aunque tú no se lo hayas pedido expresamente. El consentimiento es algo volátil cuando prima el subconsciente y todo aquello que te golpea, noquea a tu primer yo, al que está más afuera, pero los golpes desde adentro son los que más duelen. Quizá estés evitando el efecto rebote, que el golpe externo despierte al interno, y eso haga que todo se te descontrole, pierdas las luces de posición dentro del túnel y rompas la porcelana. No tengas miedo, estoy aquí. Voy a lanzarte una batería de preguntas y por cada una me llevaré un ladrillo de ese muro como trofeo. Voy a mirarte directamente a los ojos y te haré saber que soy el hielo para tus golpes. No voy a evitarlos pero intentaré que te duelan lo menos posible y dejen la mínima secuela. Cuántas veces voy a verte así, autogestionando tus preocupaciones, dejándolas crecer dentro de ese cubículo donde tratas de contenerlas para siempre. Quiero respetar tus tiempos y, a la vez, me impacientan. Quisiera que nunca tuvieras que sufrir por nada. Sé que es imposible y, sin embargo, sigo deseándolo con todas mis fuerzas. Me imagino un escenario en el que no tuvieras que enfrentarte a situaciones que minaran tu confianza, que alteraran tu organismo, que diluyeran tu paz. Desearía prolongarte los días de felicidad y acortarte los de inquietud. Después de un rato, te doy un abrazo. No sé si todo lo que he estado diciendo para distraerte tendrá algún sentido. Sólo sé que cuando he empezado a hablar de lo maravillosos que eran los videojuegos en los noventa, te has reído. Me compensa.