domingo, 27 de agosto de 2017

Ricky

-Ricky ¿qué haces?
-Nada, aquí.
-¿Y ese vaso? ¿Estás bebiendo?
-¿Quieres?
-¿No es un poco pronto?
-Es domingo
-Ya veo.
-¿Quieres?
-Aún no he desayunado
-Ya...
-Llevas la camisa de anoche
-Me gusta esta camisa
-Acabas de llegar ¿no?
-Sí.
-¿Qué hiciste?
-Pensar una barbaridad en ti.
-¿Cómo?
-Estuve en el bar de Luís...
-Ah, sí. Recibí tu mensaje, pero estaba ya en la cama...
-Te perdiste una gran noche.
-Ahora entiendo todo esto...
-¿El qué?
-Este cuadro...
-¿De Manet?
-De Miró
-¿Quieres ver un cuadro?
-¿Qué haces?
-Tengo calor
-¡Siempre igual!
-Como si nunca me hubieras visto sin camisa...
-Necesito un café ¿quieres?
-Sí, esta copa está aguada
-¿Qué se cuenta Luís?
-No hemos hablado en toda la noche... En realidad no estaba...
-¿Y por qué fuiste allí?
-Porque la camarera me invita a copas
-Lidia... Entiendo...
-¿Esta marca de café es nueva?
-Es la de siempre
-Ah.
-Pero, entonces ¿has estado toda la noche bebiendo en el bar de Luís sin Luís y con la camarera de
Luís?
-En efecto
-¿Toda la noche?
-Sí.
-¿Allí?
-Así es.
-¿Sin moverte?
-He ido al baño un par de veces...
-Muy gracioso... ¿Te gusta Lidia?
-Sí, es maja y me aguanta toda la noche... ¡Un momento! ¿Te estás haciendo tostadas y no me ofreces?
-Háztelas tú.
-¿Te pasa algo?
-No.
-¡Vámos que no! ¿Te molesta que me guste la camarera de Luís?
-No.
-¿Ni un poco?
-¡Que no!
-Un poco sí... venga...
-¡Eres idiota! Ahora te pones tú el café...
-¡Pero no te enfades!
-¡Que no me enfado! ¡Serás pesado! ¡Déjame en paz!
-¿Sabes de qué hemos estado hablando?
-No me interesa.
-Te lo voy a contar igualmente.
-Me da igual...
-De si para ser un gran artista tienes que estar medio loco y de ti.
-Claro que tienes que estar algo loco para ser creativo, eso lo hemos hablado mil veces, las personas creativas tienen una sensibilidad distinta al resto...
-Y de ti.
-¿Le has contado que soy la peor compañera de piso que has tenido?
-Sí.
-¡Perfecto! Así no me verá como competencia...
-No creo que lo haga, le gustan las mujeres... Por eso hemos hablado de ti.
-¿Qué? Desarrolla este tema...
-¿Por qué crees que voy tanto al bar de Luís? Si Luís es más amigo tuyo que mío...
-Luís es amigo de los dos.
-Pero me lo presentaste tú.
-Eso sí. Pero os caéis bien.
-Bueno, le soporto... Pero... ese no es el tema.
-¿Entonces? ¿Esto tiene que ver con el mensaje indescifrable que estoy leyendo en mi móvil ahora mismo?
-Sí.
-Me estás tomando el pelo... Estás de resaca...
-Aún no.. Y no creo que lo esté... Lidia no me ha dejado beber demasiado. Decía que debía estar centrado...
-¿Centrado para qué?
-Para decirte que voy al bar de Luís porque es el único sitio al que te gusta ir cuando sales por la noche...
-Es que me deja poner la música que quiera...
-Lo sé.
-Y nos invita de vez en cuando...
-Y está claro que a Luís le gustas...
-¿Tú crees?
-¿Recuerdas aquella noche en que te llamé para que te bajaras y hasta que no te mandó un mensaje Luís no viniste?
-No me acuerdo de eso...
-Yo sí.
-Qué rencoroso ¿no? Ya sabes que me hago de rogar a veces.
-Lo sé y no puedo entender por qué también me tiene que gustar eso de ti.
-Es la primera vez que me dices que te gusta algo de mí.
-¡No es verdad!
-Sí.
-Deberías estar en mi cabeza... Ese pijama que llevas también me gusta mucho...
-¡Venga! No te burles.
-¿Te gusta Luís?
-Sí, es majo y me aguanta toda la noche...
-Ja-ja muy graciosa...
-¿Te molesta?
-Si a ti no te molesta Lidia, a mí no me molesta Luís.
-¿Qué pasaría si me hubiera molestado lo de Lidia por un segundo?
-Que me parecerías más adorable si eso es posible...
-A mí no me gusta Luís, no de la manera en que me lo preguntas...
-En realidad antes no estaba bebiendo, era agua...
-No sé si esa era la contestación que quería.
-Y no me he pasado la noche en el bar de Luís. Sólo un rato. El resto de la noche he estado sentado en el sofá esperando a que te despertaras.
-Lo sé, te escuché llegar, pero no sabía si estabas solo o con alguna muy silenciosa...
-De verdad ¡qué tonta eres!
-Ya...
-¿Nos duchamos y salimos a dar una vuelta?
-Vale ¡tú primero!
-Voy a poner música... El domingo no empieza bien si no nos pegamos un baile.
-Pero ponte la camisa...
-No.
-¡Eres insoportable!
-Me encanta bailar contigo
-Y a mí.




viernes, 11 de agosto de 2017

Mi padre

Yo no soy la mejor hija. Siempre escurridiza, algo antisocial y, por supuesto, intrínseca, de la manera más cerrada y solitaria posible. No soy de ese tipo de persona que está siempre encima de los demás, que les hace la vida más fácil, que se acuerda de llamar, de preguntar, de aparecer, de quedarse. Yo no soy la hija perfecta y sin embargo, no sé por qué motivo, tengo el amor más grande que nadie puede tener, el amor incondicional de mi padre (y de mi madre, sin duda, pero hoy voy a hablar de él, porque es su día y merece que su hija, la que habla poco, le dedique algunas palabras en el formato que mejor se le da).
Él, siendo uno de los hombres de mi vida, merece que yo sea la mejor hija posible y, sin embargo, siento que es capaz de aceptarme tal y como soy, un torpe desastre que va y viene con las emociones a flor de piel y la cabeza quemando engranajes. Siempre en un segundo plano, tiene el don de mejorar mi vida sin decir nada, sin pedir nada, sin protagonismo ninguno. Seguramente haya heredado de él más cosas de las que pienso, ojalá entre ellas estén su fortaleza, su tenacidad y su inteligencia. Él me ha enseñado a ser curiosa y a intentar con todas mis fuerzas hacer lo que me gusta y perseguir mi felicidad por encima de todas las cosas. No somos una familia de película, de grandes discursos reveladores, somos una familia de semillas, de pequeños gestos que van germinando hasta crear sensaciones. Como la sensación de protección, la de bienestar, la de calidez. Como la sensación de no estar solo, de tener una roca a la que agarrarse cuando el temporal te arrastra a alta mar, la de caerse y levantarse con ese bastón de apoyo que siempre te sigue pero que no ves hasta que ya estás en el suelo. Y este es el amor más grande que jamás conoceré, el que me dan desde el día en que nací y llené sus vidas de mis rarezas. Tengo el recuerdo fascinante de los dibujos que hizo mi padre en su juventud, de las poesías que escribía y un día me leyó, su letra manuscrita, su amplio vocabulario, su educación, su saber estar, su seriedad, su forma de curarme las heridas y creer en mi. Decepcionarle siempre ha sido uno de mis mayores temores, aunque él se encarga de que sepa constantemente lo orgulloso que está de mí. A veces pienso que no me los merezco pero, no os voy a engañar,  he tenido mucha suerte en esta lotería del amor, me lo he llevado todo.