domingo, 30 de julio de 2017

Te estoy esperando

Te estoy esperando mientras como cerezas al lado de una ventana. Atardece, la brisa es cálida y hay perros bonitos andando por el paseo. Las copas de los árboles hacen ese ruido tan hipnótico al ser balanceadas por el aire. Me gusta esta soledad y, sin embargo, sé que te estoy esperando. Si mis pensamientos fueran páginas de una novela, en la primera pondría "Todo esto estaba en blanco y ahora estás tú". Estás tú, por todas partes, y está mi forma extraña de decírtelo. Me abruma lo convencional, tú lo sabes, lo sabes todo sobre mí, has tenido más tiempo que nadie para estudiarme, para verme de cerca y a distancia. Estoy convencida de que sabes que si todo hubiera sido perfecto desde el minuto uno, no hubiéramos sobrevivido al aburrimiento. De vez en cuando salgo de mis pensamientos para afinar el oído, tratando de escuchar tus llaves en la cerradura. Y, aunque sepa que es imposible, nunca pierdo esa chispa de emoción de volverte a ver cuando menos lo espero. "Cuando menos lo esperas" es el título de nuestra larga y accidentada historia que termina y empieza aquí, en este punto justo en el que como cerezas al lado de la ventana ¿Qué sería de mis historias sin ti? Ya ni recuerdo cuánto hace que te hiciste musa, que te hice musa. Nadie tomó la decisión y, sin embargo, fue la más acertada de todas. El punto de inflexión hacia una manera de saborear la vida de la que no tenía conocimiento prévio. Así que, aunque sea pésima en el arte de esperar, a las musas se las espera todo lo que haga falta, siempre.

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