domingo, 30 de julio de 2017

Te estoy esperando

Te estoy esperando mientras como cerezas al lado de una ventana. Atardece, la brisa es cálida y hay perros bonitos andando por el paseo. Las copas de los árboles hacen ese ruido tan hipnótico al ser balanceadas por el aire. Me gusta esta soledad y, sin embargo, sé que te estoy esperando. Si mis pensamientos fueran páginas de una novela, en la primera pondría "Todo esto estaba en blanco y ahora estás tú". Estás tú, por todas partes, y está mi forma extraña de decírtelo. Me abruma lo convencional, tú lo sabes, lo sabes todo sobre mí, has tenido más tiempo que nadie para estudiarme, para verme de cerca y a distancia. Estoy convencida de que sabes que si todo hubiera sido perfecto desde el minuto uno, no hubiéramos sobrevivido al aburrimiento. De vez en cuando salgo de mis pensamientos para afinar el oído, tratando de escuchar tus llaves en la cerradura. Y, aunque sepa que es imposible, nunca pierdo esa chispa de emoción de volverte a ver cuando menos lo espero. "Cuando menos lo esperas" es el título de nuestra larga y accidentada historia que termina y empieza aquí, en este punto justo en el que como cerezas al lado de la ventana ¿Qué sería de mis historias sin ti? Ya ni recuerdo cuánto hace que te hiciste musa, que te hice musa. Nadie tomó la decisión y, sin embargo, fue la más acertada de todas. El punto de inflexión hacia una manera de saborear la vida de la que no tenía conocimiento prévio. Así que, aunque sea pésima en el arte de esperar, a las musas se las espera todo lo que haga falta, siempre.

domingo, 23 de julio de 2017

Con las prisas

Estoy un poco cansada de este mundo de tanta prisa y tanta ignorancia. Me he dado cuenta de que cada vez me cuesta más opinar en voz alta sobre lo que ocurre a mi alrededor. Y no es porque no tenga una opinión sobre todo, que la tengo, a veces mi cabeza es un entramado de opiniones diversas sobre el mismo tema que me cuesta desenmarañar. Ni yo, ni mi cabeza podemos entender cómo alguien puede ser capaz de expresar una opinión al segundo de que algo salte a la luz. Cuando yo no paro de darle vueltas al mismo asunto durante días. Maldigo a la inmediatez, a la moda del que llega antes lleva la razón, a la hipocresía de lo superficial. Cada día encuentro más razones por las que no querer exponer mis opiniones y, sin embargo, creo profundamente en que necesitamos personas y profesionales que piensen, que razonen y que opinen desde el conocimiento.

¿Desde cuándo pensar se ha vuelto una lacra? ¿Cuándo fue la última vez que te quedaste pensando un rato sólo por el placer de pensar? ¿Cómo puede tan increíble don ser a la vez tan desaprovechado y tan despreciado? No pienses, actúa. Claro que sí ¡házlo! Pero cuando se trata de compartir ideas y opiniones, piensa, por favor. Piensa sólo en una cosa: ¿tienes toda la información para tener una opinión firme y fundamentada? Quizá sea por mi formación, a veces lo pienso, me habré convertido en una idealista. Puede que por ser periodista trate de ver las cosas desde todos los puntos de vista y, si no soy capaz de verlas, no puedo defender una opinión con toda la convicción. Pero ¡qué demonios! prefiero ser una idealista a ser una ignorante que no le da ninguna importancia a pensar un poco en lo que dice. A veces leo cosas que hacen que me enfurezca y me entristezca y me frustre. Cuando miro a mi alrededor y veo cuánto reconocimiento tienen unos y qué poco tienen otros, cuando veo lo distorsionada que está la escala de méritos sociales, me pregunto ¿a qué parte de la sociedad quiero pertenecer: a la que se le da una categoría superior por sus banalidades? Parece que hoy en día sólo puedes llegar a las masas por un camino, un camino que, cuanto más investigo, menos me gusta. Y con las prisas y el desencantamiento general, se me olvida que lo que me gusta es escribir y ya está. 

domingo, 9 de julio de 2017

Querido Jaime

Querido Jaime,

Ya van unos cuantos meses en los que no me meto en tu vida. Perdóname. He estado un poco ocupada poniendo en orden la mía. No quiero que creas que, en este tiempo, he dejado de pensar en ti. Eso nunca podría ocurrir, eres parte de mí, lo has sido desde el primer día en que escribí tu nombre en aquella página en blanco. Te llevo en mi cabeza y te imagino a diario, haga lo que haga. Te pongo en distintas situaciones y analizo todas tus posibles reacciones. Estoy tan enganchada a ti como lo estoy de la persona que inspiró tu creación. La vida da tantas vueltas, Jaime, pero qué te voy a contar a ti, si no he parado de marearte desde que apareciste en el mundo de las palabras hace unos cuantos años ya. Recuerdo aquellos inicios, cuando nos encontrábamos en la biblioteca de la plaza Lesseps. Subía cada mañana andando, con cara de sueño y ansia viva por estar contigo de nuevo. Me sentaba en una mesa y miraba instintivamente por la ventana para verte, tan meticulosamente aislado de las emociones, tan perdido, tan egoísta. Tenía claro, por entonces, que el antídoto a tu veneno eras tú mismo y mi reto era hacértelo ver. Fueron meses intensos: tú luchabas por sobrevivir ante cada abismo que ponía bajo tus pies y yo, te retorcía hasta exprimir el jugo de tu esencia. Jaime, me enseñaste tanto. Me enseñaste que si lloras cuando escribes, es posible que alguien llore al otro lado de la lectura contigo. Que si se te encoge el corazón mientras cuentas una historia, a alguien se le encogerá cuando la lea. Que si amas algo por encima de cualquier otra cosa, da igual el tiempo que pases sin dedicarle tu atención, siempre terminas en sus redes. A mí me pasa contigo, eres la persona de ficción más importante de mi vida. Mi amor por ti supera todas las expectativas. Ahora mismo te tengo colocado entre las cuerdas, en la historia que nos ha reunido de nuevo, que me ronda en la cabeza desde que puse el punto y final a El cohete azul. Ahora mismo te tengo atrapado, te agarro fuerte, porque sé que puedo sacar más y más de ti, del hombre en que te has convertido, del hombre que serás. Me encanta verte crecer, en paralelo a mi crecimiento, juntos de la mano, seremos más fuertes. Y el día en que alguien se enamore de ti como yo lo estoy, seré feliz, porque eso significará que ven en ti lo que yo veo, que no es más que un tesoro entre mis dedos.

sábado, 1 de julio de 2017

Eres todas las canciones alegres

Antes eras todas las canciones melancólicas y ahora eres todas las canciones alegres. Te miro como si estuviera viendo un atardecer en Marte, sin venir a cuento, sin previo aviso. Me pregunto cómo puedes brillar tanto en los momentos más banales. Una vez te dije que quería todo lo cotidiano contigo, lo más aburrido de la vida, la rutina, lo que todo el mundo hace, lo que todo el mundo planea hacer, lo que todo el mundo... eso y, por supuesto, todo lo demás. Sigo en Marte, viendo atardecer. Y me acuerdo de las veces en que nos hemos entretenido con cualquier cosa, la más sencilla, a veces, hasta la más tonta. Me acuerdo de haber reído hasta hacer caer lagrimones por mis mejillas. Recuerdo pensar en lo difícil que es llegar a los buenos momentos y lo fugaces que son. Sé que después de un buen día habrá otro contigo, pero me recuerdo a cada instante que es importante que inspire todas las sensaciones, que las saboree con pausa y recreándome. Nadie sabe cómo será el después, pero sí el ahora, el ahora son todas las canciones alegres.