sábado, 20 de mayo de 2017

Todo quedará en nada

Te arropas entre las sábanas, tratando de seguir dormido a pesar de toda esa luz que entra por la ventana. Anoche olvidaste bajar las persianas y hoy te arrepientes de esa última copa que tomaste pensando en ella. De repente viene a tu mente una canción que creías olvidada, una canción que te hace sentir nostálgico, pero, a pesar de lo triste de su letra, la energía de la melodía te electrifica los músculos. La susurras mientras cierras el puño derecho con fuerza, enfatizando el momento de éxtasis musical ¿Cuánto tiempo hace que no escuchas ese tema? Tanto como el que llevas tratando de olvidarla. Quieres no creer en las señales, frunces el ceño contrariado porque te jode hacerlo. Al fin y al cabo, qué son las señales sino el deseo de hacer algo que nos aterra. Revisas tu teléfono, las ganas que tenías anoche de verla no se te han olvidado, aunque no sepas ni como llegaste a casa. Por suerte no le mandaste ningún mensaje, ninguna foto, ninguna señal de vida. Y eso también te jode, porque, en el fondo (y nunca se lo dirías a nadie) deseas tener el valor de decirle que la echas de menos, aunque sea borracho, aunque sea por mensaje, aunque sea de la peor manera. Y sigues pensando en cómo esta canción te habla a ti, para decirte que no se puede olvidar lo que no se quiere olvidar. Tu piso está vacío, hay restos del festín en la mesa y huele a exceso todavía. Te levantas porque no te queda otra y te sientas en el sofá derrotado. Maldita canción, piensas. No vas a llamarla, porque esta no es una historia de esas, de las que acaban bien en el momento en que tienes una revelación. Esta es una historia de decisiones mal tomadas y empujones desperdiciados. Algún día os volveréis a ver y le dirás, porque ya no importará, la de veces que estuviste a punto de llamarla para decirle lo que realmente pensabas. Y ella te mirará en silencio y todo quedará en nada.

No hay comentarios: