lunes, 13 de marzo de 2017

Los dos

En ese momento solo éramos tú y yo y las ganas de que nuestros sueños se hicieran realidad. Viniste a despertarme a las siete de la mañana. Aún siendo yo más pequeña, ingenua y fácilmente ilusionable, fuiste tú el que no podía dormir. Me tocaste la cara susurrando mi nombre varias veces hasta que lograste que abriera los ojos. Estabas ahí, mirándome, lo recuerdo perfectamente. Aún veo el brillo en tus ojos y esa sonrisa pícara de cuando levantabas sólo una comisura de tus labios. Entonces mi estómago distribuyó nervios por todo el cuerpo y me activé de repente. Tú te metiste en mi cama y me preguntaste si habrían venido los reyes. Yo te dije que no lo sabía pero que era muy pronto y que estaba mal que despertáramos a nuestros padres. Tú me dijiste que sí, que nos quedáramos en la cama un poco más. Pero no aguantábamos, porque los dos estábamos hechos de la misma madera, nuestra sonrisa mostraba su mejor versión cuando nos ilusionaba algo, y esa mañana todo era sonrisa y ojos abiertos y ganas de despertar a las dos personas más importantes de nuestra vida para descubrir la transformación de todo su amor por nosotros en paquetes debajo de un árbol. Y no eran los regalos, era el ritual familiar y la felicidad y las risas y las alegrías. Los abrazos de agradecimiento, las invitaciones a jugar. Nos encantaba descubrir los misterios detrás de cada envoltorio, éramos así, yo sigo siendo así. Ninguna incógnita se me puede resistir. Y aunque no lo pienso siempre, sigues en mí, en cada cosa que hago y lleva el sello de lo que aprendí de pequeña, cuando estaba contigo. No sólo perderte me ha hecho la persona que soy, también crecer contigo, aprender contigo, compartir cada día de mi vida hasta la adolescencia contigo, me ha hecho la persona que soy hoy. Cuidaste mi niñez siempre, protegiendo mi inocencia hasta el último momento. Te debo muchos de mis valores y te debo querer ser siempre mejor. La vida sin ti es pura contención emocional. Y a veces los muros de la presa que sostiene la intensidad sentimental no pueden con la presión y tienen que dejar fluir parte del contenido. Y esa bocanada llega de golpe, sin previo aviso, destruyendo los diques colocados como último recurso. Las mareas del amor perdido vuelven una y otra vez. Y siempre termino pensando lo mismo, qué pena haberte perdido y qué felicidad haberte conocido.