viernes, 31 de marzo de 2017

El amor pasado por sexo

Ojalá amar fuera tan fácil como follar. Debería serlo. Sin dramas, sin ética, sin moral. Sólo piel empapándose de piel, sólo cuerpos desnudos libres de tabúes. Lágrimas de placer y sótanos húmedos. Éxtasis sostenido y gemidos en agudo. Sin complejos y sin complejidad. La vida es sana si el sexo es sano. La vida es mejor si el sexo es bueno. Sonríe, la persona que te dé el mejor sexo será la elegida, te vas a enamorar. Y lo harás porque no hay nada más íntimo y sincero que quitarte la opresión de encima y quedarte sólo con lo esencial. Folla implicando a todas tus tropas, entrégate a todo lo que te da placer, a todo lo que te eleva y te evade. Date por satisfecho y satisface, diviértete y divierte, vuela y haz volar. Esa es la verdadera complicidad. Todo lo que creéis en esos momentos, se extrapolará a tantas otras situaciones que viviréis. Y el abanico que mantendrá el fuego vivo nunca dejará de agitarse.

lunes, 13 de marzo de 2017

Los dos

En ese momento solo éramos tú y yo y las ganas de que nuestros sueños se hicieran realidad. Viniste a despertarme a las siete de la mañana. Aún siendo yo más pequeña, ingenua y fácilmente ilusionable, fuiste tú el que no podía dormir. Me tocaste la cara susurrando mi nombre varias veces hasta que lograste que abriera los ojos. Estabas ahí, mirándome, lo recuerdo perfectamente. Aún veo el brillo en tus ojos y esa sonrisa pícara de cuando levantabas sólo una comisura de tus labios. Entonces mi estómago distribuyó nervios por todo el cuerpo y me activé de repente. Tú te metiste en mi cama y me preguntaste si habrían venido los reyes. Yo te dije que no lo sabía pero que era muy pronto y que estaba mal que despertáramos a nuestros padres. Tú me dijiste que sí, que nos quedáramos en la cama un poco más. Pero no aguantábamos, porque los dos estábamos hechos de la misma madera, nuestra sonrisa mostraba su mejor versión cuando nos ilusionaba algo, y esa mañana todo era sonrisa y ojos abiertos y ganas de despertar a las dos personas más importantes de nuestra vida para descubrir la transformación de todo su amor por nosotros en paquetes debajo de un árbol. Y no eran los regalos, era el ritual familiar y la felicidad y las risas y las alegrías. Los abrazos de agradecimiento, las invitaciones a jugar. Nos encantaba descubrir los misterios detrás de cada envoltorio, éramos así, yo sigo siendo así. Ninguna incógnita se me puede resistir. Y aunque no lo pienso siempre, sigues en mí, en cada cosa que hago y lleva el sello de lo que aprendí de pequeña, cuando estaba contigo. No sólo perderte me ha hecho la persona que soy, también crecer contigo, aprender contigo, compartir cada día de mi vida hasta la adolescencia contigo, me ha hecho la persona que soy hoy. Cuidaste mi niñez siempre, protegiendo mi inocencia hasta el último momento. Te debo muchos de mis valores y te debo querer ser siempre mejor. La vida sin ti es pura contención emocional. Y a veces los muros de la presa que sostiene la intensidad sentimental no pueden con la presión y tienen que dejar fluir parte del contenido. Y esa bocanada llega de golpe, sin previo aviso, destruyendo los diques colocados como último recurso. Las mareas del amor perdido vuelven una y otra vez. Y siempre termino pensando lo mismo, qué pena haberte perdido y qué felicidad haberte conocido.

viernes, 3 de marzo de 2017

Un momento

Te miras en el espejo, con la música a todo volumen y esa actitud de videoclip de los noventa. Seria, desganada y con las ojeras pidiendo a gritos tres meses de siesta por prescripción médica. Te abalanzas hacia la sensación de ser una estrella de la música, con tu ropa interior hecha una bola a modo de micrófono y una guitarra imaginaria. A pesar de tu demacrado aspecto, ese tema se te va metiendo dentro expandiéndose de inmediato como el virus de aquel niño que estornudó a tu lado en el autobús y te tuvo sin voz una semana. Te sabes este tema, lo has puesto un centenar de veces y en cada una te has imaginado el escenario donde tus movimientos sugerentes son el centro de atención. Te vas haciendo grande, de menos a más en pocos segundos. Te tocas el pelo con sensualidad programada, te sabes al dedillo las subidas y bajadas en la melodía, cada vez estás más adentro, y empiezas a sentirte menos desastre. Las ojeras siguen ahí, pero la actitud les hace sombra. Vas a comerte el mundo mientras dure esta melodía en tu cabeza. Estás dentro de esa burbuja que amortiguará todos los latigazos que te haya preparado la vida para hoy. Vas caminando con tanta decisión que imaginas cómo tiembla el suelo bajo tus pies. Todo va de cara, todo va bien. Casi no tienes sueño ya. Bueno, un poco. Pero lo superarás. Hoy lo superarás todo.