sábado, 14 de enero de 2017

2555

Cuando te veo de lejos me burbujea el estómago. Te acercas rápido, porque sabes que odio que llegues tarde. Y esa mirada tuya que has perfeccionado con el paso del tiempo, es francamente efectiva cuando quieres quitarle hierro al asunto. Llegas apresurado pero tranquilo, con las estrategias de contención bien definidas y un as bajo la manga. Yo hago que me enfado, porque me gusta alterarte y tú haces que no pasa nada, porque te gusta alterarme. La procesión siempre va por dentro. Ahora lo sé, después de 2555 días analizándote con minuciosa devoción. Eres un entramado de sutiles pistas que recopilo instintivamente. Leerte siempre ha sido un acto complejo y, al mismo tiempo, un reto imposible de pasar por alto. Me ha costado mucho tiempo llegar a conocerte bien y, sin embargo, te conozco desde el día uno. Todas mis palabras son tuyas aunque no hablen de ti. Porque tratando de conocerte mejor a ti, he terminado por conocerme mejor a mí.

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