domingo, 27 de noviembre de 2016

No te creas que te voy a besar

Porque tenga esta cara de buena e inocente, no te creas que te voy a besar. Aunque haya acudido a tu invitación rauda y veloz, no te creas que te voy a besar. A pesar de que por las noches dejo el volumen de mi teléfono al máximo para despertarme si me escribes y te miento contándote que estoy por ahí con amigos, no vayas a creerte que te voy a besar. Aunque baje la mirada y mis mejillas se sonrosen cuando, después de un par de cervezas, te atreves a decirme que estoy más guapa que nunca, no te creas que te voy a besar. Porque me mires con esos ojos de asombro y esboces una leve sonrisa de picardía contenida, no te creas que te voy a besar. A pesar de que te he dado los mejores consejos cuando has estado mal y siempre, siempre, siempre has podido contar conmigo, no te creas que te voy a besar.
No te creas que te voy a besar cuando llegue ese momento límite en el que ya no tengamos nada más que expresar con palabras. No te creas que te voy a besar porque digas que no ha pasado ni un solo día en que no te hayas preguntado qué estaría haciendo. No te creas que te voy a besar ahora que te has dado cuenta de que has estado desviándote del rumbo una y otra vez, que por eso no eras feliz, que por eso has perdido tanta energía y te ha costado llegar hasta aquí. No te voy a besar porque reconozcas que has sido un cobarde, un insensato, un jugador con las cartas correctas y la estrategia equivocada. No te creas que te voy a besar porque cada vez que le doy un sorbo a esta bebida te miro la boca como si no hubiera visto unos labios nunca en mi vida. No te creas que te voy a besar porque todo mi cuerpo exhale deseo y mis manos se hayan helado, no me sienta las extremidades y mi corazón bombee a la velocidad de la luz. No te creas que te voy a besar, no lo hagas. Quizá así pueda pillarte por sorpresa, ya que nunca dejaría pasar la oportunidad de besarte una vez más. Nunca. Jamás.

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