martes, 29 de noviembre de 2016

Ese pensamiento

Hoy no me salen las palabras. Mi mente está congestionada. Saturada de pensamientos dispares que compiten para ser los primeros en tomar la salida. Quiero expresarme y me bloqueo. Todos esos pensamientos creen estar preparados para ser pronunciado y, sin embargo, ninguno cumple con los requisitos. Han estado trabajando duro, poniendo empeño en definirse para dejar de ser voz interna y proyectarse al exterior. Pero algo les falta, algo que no les da la potencia suficiente como para atravesar los filtros e imponerse. Y viendo cómo podía ordenar todo ese enredo de disparidad que domina mi mente, me he encontrado con un pensamiento escondido. He dado con él tras apartar todo lo demás. Estaba ahí, quieto, como esperando. Me ha parecido curioso, viendo la fiesta de la vanidad que llevan mis demás pensamientos. Le he hablado y me ha contestado. Le he dicho que por qué no hacía nada por salir de mi cabeza y ser expresado. Él me ha respondido que simplemente está esperando, que no tiene prisa, que cuanto más tiempo pasa en mi cabeza más maduro se siente. Me ha contado que en el tiempo que lleva ahí ha ido creciendo, se ha unido a otros pensamientos que en apariencia parecían opuestos a él y se ha hecho más sabio. Me ha dicho que, aunque parezca no hacer mucho ruido, él solo tiene más poder que cualquier pensamiento de mi mente, pero que se guarda, se guarda para cuando realmente lo necesite, cuando necesite que toda su fuerza salga por mi boca. Hasta ese momento, dice, seguirá alimentándose de todo el sentido, la coherencia y la razón que le sea posible, observando y creciendo con las experiencias del día a día. Para terminar siendo el mejor pensamiento que podría tener, el indiscutible, el que nunca me va a fallar.

domingo, 27 de noviembre de 2016

No te creas que te voy a besar

Porque tenga esta cara de buena e inocente, no te creas que te voy a besar. Aunque haya acudido a tu invitación rauda y veloz, no te creas que te voy a besar. A pesar de que por las noches dejo el volumen de mi teléfono al máximo para despertarme si me escribes y te miento contándote que estoy por ahí con amigos, no vayas a creerte que te voy a besar. Aunque baje la mirada y mis mejillas se sonrosen cuando, después de un par de cervezas, te atreves a decirme que estoy más guapa que nunca, no te creas que te voy a besar. Porque me mires con esos ojos de asombro y esboces una leve sonrisa de picardía contenida, no te creas que te voy a besar. A pesar de que te he dado los mejores consejos cuando has estado mal y siempre, siempre, siempre has podido contar conmigo, no te creas que te voy a besar.
No te creas que te voy a besar cuando llegue ese momento límite en el que ya no tengamos nada más que expresar con palabras. No te creas que te voy a besar porque digas que no ha pasado ni un solo día en que no te hayas preguntado qué estaría haciendo. No te creas que te voy a besar ahora que te has dado cuenta de que has estado desviándote del rumbo una y otra vez, que por eso no eras feliz, que por eso has perdido tanta energía y te ha costado llegar hasta aquí. No te voy a besar porque reconozcas que has sido un cobarde, un insensato, un jugador con las cartas correctas y la estrategia equivocada. No te creas que te voy a besar porque cada vez que le doy un sorbo a esta bebida te miro la boca como si no hubiera visto unos labios nunca en mi vida. No te creas que te voy a besar porque todo mi cuerpo exhale deseo y mis manos se hayan helado, no me sienta las extremidades y mi corazón bombee a la velocidad de la luz. No te creas que te voy a besar, no lo hagas. Quizá así pueda pillarte por sorpresa, ya que nunca dejaría pasar la oportunidad de besarte una vez más. Nunca. Jamás.

domingo, 20 de noviembre de 2016

No fuiste tú, fui yo

En la punta de los dedos tienes serigrafiado el mapa de la piel de quien no te amó en condiciones. Te diste hasta que tu identidad se convirtió en papel mojado por el sudor de un esfuerzo en vano. ¿Qué es el amor? te preguntas hoy. Ayer lo sabías. No te hacía falta pensarlo. Estabas lleno del jugo agridulce del desenfreno emocional. Te tenías en un pedestal, porque es el lugar al que pertenecen las cosas que irradian luz. Eras fuente de energía, brillo, volcán y lava. Fuego. Un todólogo de los sentimientos. Hasta que te vino la bofetada a cámara rápida y sin pistas. También es cierto que la picardía nunca fue tu fuerte. Quizá debiste estar más atento y menos volando entre las nubes junto a unicornios de caramelo. Quizá debiste leer más entre líneas. Si no preguntas, no sabes. Si no compartes, no obtienes. Y tu mirada embelesada siempre lograba desviarse hacia el espejo de tu anhelo. Dices que por fin has abierto los ojos, empaquetado en la ira más despiadada. Disparas tus balas de culpabilidad hacia afuera y hablas de un instantáneo desamor. Por dentro, has construido tu fortaleza con ladrillos de azúcar que se deshacen con cada lágrima que tragas. Te has convertido en el señor monotema. Hasta que alguien te da un revés brutal haciéndote una sencilla pregunta ¿quién no ha amado en condiciones? De una patada sales del confortable y protector amparo de tu ombligo. El único amor que has conocido es el que sientes por ti mismo, sobredimiensionado y excesivo. Y en tu mente se repite la misma frase una y otra vez "no fuiste tú, fui yo".