lunes, 13 de junio de 2016

La alineación de los planetas

Yo siempre fui más de Blur pero no por ello dejé de escuchar a Oasis. Lo mismo que siempre fui muy de ti pero no por eso dejé de sintonizar otras emisoras. Aún y así, tu música era la única que escuchaba de fondo, en todas las ocasiones especiales, como una banda sonora compuesta en exclusiva para la película de mi vida. A veces subías el volumen y a veces lo bajabas tanto que apenas podía escucharte. Pero nunca te disipaste como lo hacen los recuerdos lejanos, como lo hacen las cosas que terminan por no importarnos y que el tiempo se encarga de volatilizar. Contigo mi frialdad, estigmatizada por tantos otros, se derrite con la rapidez de un parpadeo. Contigo mi vulnerabilidad, escondida tras capas y capas de prefabricada independencia, autoestima y sarcasmo, se abre camino entre las grietas que crean tus golpes de amor. Yo siempre y nunca creí en nosotros. Esa fue la bipolaridad que me dejó una sucesión de eventos surrealistas en lo que nada era lo que parecía, aunque en realidad sí. Un beso apasionado nunca es un beso a secas, es un beso apasionado, que se podrá explicar de muchas maneras, que tendrá una connotación distinta para cada persona, pero nunca se podrá decir que sólo fue un beso. Igual que lo nuestro nunca fue sólo amor, también fue la sucesión de muchas otras cosas importantes. Nunca sabremos si primero fue la amistad o el enamoramiento, si primero fue el sentido del humor o la incapacidad por dejar de mirarnos, la compatibilidad en gustos o el nerviosismo al tocarnos. Hay cosas que no se pueden desgranar y ponerlas en un ranking de importancia, porque se han creado al mismo tiempo, en un paquete perfecto de sensaciones que parecen obra de la alineación de los planetas.

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