sábado, 18 de junio de 2016

El fin de la sutileza

La sutileza ha muerto. Al menos para los de mi generación. Nunca he visto a tanta gente ir al grano como en esta época de mi vida. Y no soy contraria (ni mucho menos) de ir a por lo que deseas usando el camino recto. Pero a veces se echan de menos algunas curvas, disfrutar del paisaje, ver cómo va cambiando poco a poco y adivinar las señales que te indican que estás llegando a tu destino. Lo que sería cocer a fuego lento un buen plato de cuchara. Con dedicación, con esmero, con deleite incluso. Salivar antes de dar el primer mordisco, tensar todos los músculos antes de decir la primera palabra, abrazar la grandeza del lenguaje no verbal. A mí siempre me han gustado mucho las miradas furtivas, tengo que admitirlo. Y leer entre líneas, eso me fascina. Quizá sea demasiado fanática de la sutileza, de decir sin pronunciar o transmitir sin descubrirte por completo. La vidilla del misterio. Tengo la sensación de que eso ya se ha perdido. Y me baso en datos empíricos. En personas que se comportan como si estuvieran en un supermercado y pudieran coger lo que quisieran en el momento en el que lo desearan. Personas que entran por la puerta sin preguntar, invadiendo tu espacio de forma descarada, hasta la incomodidad. Seres egoístas que no entienden de sutileza y muestran la pata de cordero para enseguida auto descubrirse como el lobo feroz que va a darle a tu vida la dosis de salvajismo que le falta. Y esto me lleva a la conclusión de que, existen personas que creen que el amor no puede ser salvaje y, por eso, está permitido buscar en paralelo lo que sacie tu sed. Condeno esta idea. El amor no sólo puede ser salvaje sino que debe serlo. Y lo mejor es que el amor también puede ser sutil. Sutil y salvaje, la dualidad perfecta. Posiblemente no sea el primer amor que llegue, pero claramente será el último en quedarse.

lunes, 13 de junio de 2016

La alineación de los planetas

Yo siempre fui más de Blur pero no por ello dejé de escuchar a Oasis. Lo mismo que siempre fui muy de ti pero no por eso dejé de sintonizar otras emisoras. Aún y así, tu música era la única que escuchaba de fondo, en todas las ocasiones especiales, como una banda sonora compuesta en exclusiva para la película de mi vida. A veces subías el volumen y a veces lo bajabas tanto que apenas podía escucharte. Pero nunca te disipaste como lo hacen los recuerdos lejanos, como lo hacen las cosas que terminan por no importarnos y que el tiempo se encarga de volatilizar. Contigo mi frialdad, estigmatizada por tantos otros, se derrite con la rapidez de un parpadeo. Contigo mi vulnerabilidad, escondida tras capas y capas de prefabricada independencia, autoestima y sarcasmo, se abre camino entre las grietas que crean tus golpes de amor. Yo siempre y nunca creí en nosotros. Esa fue la bipolaridad que me dejó una sucesión de eventos surrealistas en lo que nada era lo que parecía, aunque en realidad sí. Un beso apasionado nunca es un beso a secas, es un beso apasionado, que se podrá explicar de muchas maneras, que tendrá una connotación distinta para cada persona, pero nunca se podrá decir que sólo fue un beso. Igual que lo nuestro nunca fue sólo amor, también fue la sucesión de muchas otras cosas importantes. Nunca sabremos si primero fue la amistad o el enamoramiento, si primero fue el sentido del humor o la incapacidad por dejar de mirarnos, la compatibilidad en gustos o el nerviosismo al tocarnos. Hay cosas que no se pueden desgranar y ponerlas en un ranking de importancia, porque se han creado al mismo tiempo, en un paquete perfecto de sensaciones que parecen obra de la alineación de los planetas.