lunes, 4 de abril de 2016

Tu yo del pasado

Hoy he vuelto a encontrarme con tu yo pasado. Estaba sentado frente a un ordenador, escribiendo un correo que he leído con atención. No podía verte la cara, pero sabía que eras tú. Reconozco muy bien tu espalda, por todas esas veces en que te he visto alejarte de mí. Hoy, en el pasado, parecías tranquilo. Escribías y relatabas en voz alta, gesticulando con las manos, divagando entre la seriedad y el humor. Me dedicabas palabras nuevas para ti pero que yo, desde el futuro, ya las conocía. A estas alturas las habré leído decenas de veces, rebuscando entre líneas, tratando de interpretar cada punto, cada coma, cada significado de cada palabra. En aquel momento se me enquistaron, hoy han vuelto a hacerlo.  He mirado la espalda de tu yo pasado y he pensado que sólo hay una cosa que no reconozco en él, a ti. Pero no puedo evitar pensar que a él le conozco más, por todas esas cartas similares que guardo en mi correo y que hoy rememora mi recuerdo. Y todo se vuelve un poco gris durante cinco minutos, los mismos en que decido no subir las escaleras mecánicas andando y detenerme para leer tus antiguos argumentos. Y suena poesía en mis oídos y subo a la cima sin esfuerzo, para volver a casa con cierta sensación de soledad. El fantasma revolotea y la determinación es una bruma que se dispersa a mi paso.

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