domingo, 3 de abril de 2016

A veces quiero...

A veces quiero que mis palabras sean música. Desearía tener más talentos y menos limitaciones mentales. Ser bella siempre, de una forma despreocupada. Mirarme al espejo y saber que soy todo lo que quiero ser y tengo todo lo que he anhelado siempre. Estar segura de que nunca moriré, de que nunca me perderé ni un segundo de toda la felicidad que mi existencia está destinada a obtener. Desearía saltarme los días de angustia, lanzarles un vaso de agua y que se deshicieran. Que esos malos momentos no se conviertan en heridas que estropean los buenos momentos. Que esos buenos momentos duren para siempre y siempre con la misma intensidad. Quiero que el amor no se marchite nunca y que el entusiasmo se convierta en mi primera reacción ante todas las nuevas experiencias. Deseo ser invencible. Volar. Que la fortaleza no sea simple apariencia, que mi sonrisa sea siempre absolutamente sincera y hacer reír. Que la edad no fulmine mi espontaneidad. Que la experiencia no destruya mi ingenuidad. Quiero ser bendita locura y deseable pecado. Estar aquí y allá. No posicionarme de manera indefinida. Quiero ser libre de cambiar de opinión cuando me parezca. Quiero escuchar lo que mi cuerpo tenga que decir. Besar como el deshidratado bebe agua. No sentir vergüenza. Y que mi lugar sea cualquier sitio en el que esté. Que lo demás no condicione mi estado de ánimo, que todo fluya, que nada se estanque. Que los enigmas sean retos divertidos. Que la única persona en el mundo que pueda presionarme sea yo misma. Que nadie tenga control sobre mis actos, mis deseos y mis pensamientos. Desearía idealizar lo que tengo y desmitificar lo que no. A veces se me olvida que quiero que mis palabras sean música, y a veces no.

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