miércoles, 24 de febrero de 2016

A ella también la han dejado

Miras a esa chica que parece tan inalcanzable. La ves y piensas que juega en otra división, porque en belleza, simpatía y don de gentes se mueve a años luz de ti. Ves a esa chica que es adorable y temperamental, que parece tener las cosas muy claras, los pies en el suelo, la cabeza en las nubes y el corazón lidiando entre todos esos caraduras que se cruzan en su camino aparentemente por casualidad. La ves y piensas "esa chica podría tener el hombre que quisiera" pero no piensas "¿qué hombre quiere esa mujer?". Crees que esa chica, por ser todas las cosas que admiras en una mujer, podría estar con alguien cien veces mejor que tú, porque tú no estás a la altura de tanta gloria, porque tú no sabrías cómo manejar esa delicada perla, jamás tuviste nada igual en tus manos. Vas a mirarla de reojo cuando pases por delante de ella, como si vuestros mundos estuvieran separados por una pared de metracrilato. Entenderás que ella ni se percate de tu presencia, entenderás que siga jugando con otros hombres a hacerles creer que llevan el control de la situación. De repente te das cuenta de que se está divirtiendo en su compleja sabiduría, de que se deja admirar como si algo en ello le resultara gracioso, como si no fuera con ella la cosa. Te recuerda a alguien, alguien que hace tiempo te hizo daño. Aunque en realidad todas las mujeres que te gustan te recuerdan a ese alguien, lo sabes. Te vas a ir, lo llevas pensando un buen rato. Alrededor todo ha dejado de ser interesante. Has recordado que lo que deseas te hace daño y prefieres quedarte en tu zona de confort. Has recordado que la fauna que te rodea es maligna, que los latigazos que te esperan son terribles y que ningún placer de la vida puede compensar todo el dolor que vendrá después. Ella te ha mirado y ni te has dado cuenta, porque estabas demasiado preocupado en ti y en tus miedos. Y te has ensimismado, en un ataque de pánico encubierto por la indiferencia, mientras ella sigue mirándote. A ella también la han dejado ¿sabes? Pero nunca se lo vas a preguntar, nunca vas a descubrir que sus heridas son similares a las tuyas, que su mundo también se derrumbó una vez y tuvo que reconstruirlo inmersa en una soledad apabullante. Nunca sabrás que ella odia que le digan que puede tener el hombre que quiera cuando tratan de consolarla, que no se siente especial, que se siente mediocre y vulgar casi a diario, que ha preferido ser natural a comportarse como los demás esperan que lo haga, que adora conversar por encima de cualquier otra cosa y le aburren las personas que sólo hablan de sí mismas. Antes de salir piénsalo una vez más, quizá si te acercas a ella tu mundo cambie o quizá siga todo igual después, en cualquier caso hay momentos en que la dignidad es una buena carta que desechar.

No hay comentarios: