miércoles, 20 de enero de 2016

Hablemos de sexo

La primera vez que hablaron abiertamente de sexo hacía años que se conocían. Incluso lo habían practicado alguna vez pero nunca habían hablado de ello. De repente, decir sexo, pronunciar siquiera la palabra, resultaba liberador y morboso al mismo tiempo. A él se le erizaba la piel al escucharla expirar esas cuatro letras a través de sus carnosos labios. Nunca antes la palabra sexo o, incluso, follar, le había parecido tan sensual como aquel día.


-Me encanta follarte- le dijo ella mirándole directamente a los ojos. 
-Y a mí me vuelve loco tu cuerpo- dijo él rodeándola con sus brazos y abalanzándose sobre su boca con agresiva desesperación. 
-Quiero saber qué es lo que te pone... Dímelo- le susurró ella al oído tan deseosa que pareció una súplica. 

Y él le contó sus fantasías sin pudor. Lo que una vez fue determinante en su relación: el pudor, ahora existía sólo en el recuerdo de lo que jamás se quiere recuperar. Sin filtros ni muros, ambos hablaron con total libertad de sus deseos. Y cuanto más compartían esa intimidad comunicativa, más intensa se volvía la intimidad física. Los abrazos ardían a tan alto nivel que las pieles parecían fundirse y las manos se perdían en escondites de , mientras las palabras envolvían el ambiente y lo barnizaban de un delirante morbo jamás conocido. 

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