miércoles, 1 de julio de 2015

Tenemos mejores cosas que hacer

No queríamos dormir. El día había pasado tan rápido que nos faltaban horas. Nos abrazamos bajo la manta esperando que estuviera encantada y pudiera hacernos desaparecer. “Cuéntame algo” le dije. Y me explicó un secreto. “Esto no puede salir de aquí”, susurró. Le miré a los ojos y no pude contener la sonrisa. "¿De qué te ríes?" me preguntó tratando de hacerme cosquillas en la cintura. "De nada, es que me hace gracia" le respondí retorciéndome para evitar su gesto. "¿Qué te hace gracia exactamente?" dijo un  poco más serio de lo que la situación requería según mi parecer. Me quedé quieta un largo segundo mientras pensaba cómo revertir esa incipiente situación incómoda que parecía haber creado yo misma. "Nada, es una tontería", le respondí. "Ahora dímelo", sonrió imponiendo su mirada escrutadora. Atrapé un extremo de la manta y rodee mi cuerpo con ella. "Nada, sólo me ha hecho gracia que al pedirte que me contaras algo, me hayas contado un secreto..." dije nerviosa, casi en un estado de extrema timidez. Su cara se relajó. "Pensaba que te reías de mi secreto", dijo aliviado. "¿Cómo iba a hacer eso?", exclamé sorprendida. "No lo sé, estas cosas nunca se saben...", me respondió prácticamente sin mirarme a los ojos y siguió "no nos conocemos tanto ¿no?" sonrió pícaro y su mirada se enlazó con la mía en un instante de complicidad máxima. "Ha sido un día muy intenso" le dije. "Muchas horas juntos... ¿deberíamos despedirnos?", dijo dubitativo. "No lo sé ¿quieres irte?" pregunté. "Lo que tú prefieras", siguió... Nos miramos un poco más con vergüenza de decir lo que realmente pensábamos. "A mí me gustaría quedarme", dijo al fin. "A mí me gustaría que te quedaras", añadí. "Entonces no se hable más, ha sido un día muy bonito como para que termine por un pequeño mal entendido" aclaró. "Tenemos mejores cosas que hacer que malentendernos" proseguí. Y la noche siguió su curso.