jueves, 12 de marzo de 2015

O fue lo que quisiste creer

Anoche bebiste demasiado porque no te gustan las despedidas, porque no querías decir adiós. Y te marchaste. Subiste a aquella furgoneta con la convicción de haber hecho lo mejor y la duda de haber dejado pasar la oportunidad de levitar. Levitar, flotar, volar. Porque cuando ella te besa sientes el deseo compulsivo de dejarlo todo. Por eso no quieres besarla, por eso la evitas, porque ahora no puedes renunciar, no puedes elegir. A pesar de que su beso sea demoledor y poderoso, y te incite a resetear tu vida de una forma en que nada ni nadie lo ha hecho antes. Quizá sólo haya una cosa que tuvo el mismo efecto y es el motivo por el que ahora te alejas de su lado. Te irás y sabes que durante mucho tiempo te preguntarás por qué perdiste aquella y otras tantas oportunidades de sentirte único. Ella te habrá dicho adiós y seguirás recordando aquellos besos que te ahogaban. Aquellos arranques de intensidad que dudas volver a obtener de nadie más. Aquella suavidad húmeda que te mareaba hasta derrumbar todos tus muros. Aléjate de tu debilidad. Y no vuelvas. No vuelvas porque cada vez que lo hagas te sentirás más perdido. Y cuando todo lo bueno acabe, te preguntarás si la única opción que tenías en aquel momento era escoger o fue lo que quisiste creer.