domingo, 11 de enero de 2015

Esa chispa

-A veces siento que te conozco desde hace mucho tiempo- le dijo ella abrazada con fuerza a su torso desnudo, rayado en la superficie por hilos de luz que se expandían desde los pequeños agujeros de la persiana.
-Yo te conozco desde siempre. Te he estado pensando toda mi vida- le susurró él apretando sus brazos contra su espalda para sentir su piel intensamente pegada a la suya -Te he imaginado tantas veces, que no soy capaz de creerme siquiera que te hayas convertido en realidad...
-Exageras- dijo ella incrédula.
-No lo hago. Estabas en mis sueños, en los que no le he contado nunca a nadie, esos que sólo me atrevía a escribir en historias que simulaban ser fruto de la fantasía. Pero, en realidad, sólo pensarte llenaba ese vacío que me quedó por ocupar en cada una de mis relaciones.
-Te entiendo. Me he pasado casi toda mi vida creyendo que ya no podría experimentar esa clase de amor que te vuelve loco, ese amor bueno, el que no daña, que cuida y construye y, al mismo tiempo, es pasional y disparatadamente divertido. Lo he querido todo y, al final, me perdí cuando otros trataron de convencerme de que el todo no podía tenerlo, que no existe, que debía conformarme con una parte. Primero elegí la pasión, pero me faltaba algo. Luego elegía la estabilidad, y me seguía faltando algo... Al final opté por desistir.
-Todas mis experiencias me arrastraron al conformismo más absoluto y también me perdí. Dejé de ser yo mismo, traté de ser lo que esperaban de mí porque, si imponía lo que yo deseaba, nada hubiera sido suficiente.
-Nada ha sido nunca suficiente. Nada... - dijo ella mirándole fijamente a los ojos.
-Nada excepto tú- entonaron al mismo tiempo y sonrieron con esa chispa en los ojos que jamás nadie había visto, esa chispa que fundía las corazas y esa chispa que hablaba sin palabras.

Para Álvaro, por mostrarme el todo.