domingo, 5 de octubre de 2014

La fugacidad de las cosas buenas

Sólo recuerdo que sonaba Standstill de fondo. Porque en aquella casa, durante un tiempo, sólo sonó Standstill de fondo. Fue inevitable terminar asociándolo todo a esas canciones. Y es inevitable volver a los recuerdos ahora escuchando esas canciones. Me rasgan la piel como uñas impacientes por aliviar el picor. Y te proyecto en la oscuridad. Estás en mí. Eres el primero en aparecer cuando la sensibilidad me acucia. Vuelvo a las bucólicas noches de primavera, casi verano, cuando en silencio escuchábamos música. Y nos mirábamos sin necesidad de decir una palabra, y lo decíamos todos en esos intensos momentos de silencio. De fondo, la melancolía musical te embellecía aún más. Y durante un ínfimo periodo de tiempo, en comparación con toda una vida, lo nuestro fue de verdad, perfecto, único e incomparable.

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