domingo, 28 de septiembre de 2014

Pimienta, la lluvia y la imaginación

Cuando yo era pequeña tenía una amiga imaginaria llamada Pimienta. Pimienta era una apasionada de cambiar los caracoles de lugar. Decía que así podían viajar sin pagar billete. Pimienta tenia un montón de habilidades, o dones. Una de esas habilidades era hacer que dejara de llover. Con sólo pensarlo, Pimienta podía parar la lluvia. Era magia. Cuando ya no me apetecía que lloviera más, se lo decía y ella hacía que volviera a salir el sol. Aunque, en ocasiones, Pimienta ignoraba mi petición y eso no me gustaba nada. Hoy Pimienta debe estar haciendo muchas cosas, lo que seguro no está haciendo es pensar en que pare de llover, porque lleva todo el día diluviando.

Sabes que te has hecho mayor cuando dejas de tener amigos imaginarios con los que competir y hacer apuestas. A Pimienta y a mi nos gustaba explicarnos historias. Una vez ella me contó una sobre las lentejas que, por cierto, a mi no me gustaban nada. Me aseguró que cada lenteja era una semilla y que con cada cucharada que comía yo debía pensar de qué clase quería que fueran las semillas que tragaba. Podían ser cualquier cosa. Cualquier cosa pero buena, claro. Yo no lo entendí muy bien, al principio pensé que empezarían a crecerme plantas en el interior. Pero ella me dijo que no, que dentro sólo iban a crecer las cosas buenas que yo quisiera y que, un día, se expandirían más allá de mí y conseguiría todo lo que me propusiera ¡Qué locura! Yo tenía sólo ocho años y lo máximo a lo que aspiraba era que me tocara bocadillo de paté para el recreo. Pero, como os he dicho antes, Pimienta tenía un montón de habilidades, entre ellas, convencerme con su retórica. Así que me comía las lentejas, a regañadientes, pensando en cosas buenas que querría tener dentro como inteligencia, bondad, felicidad, gratitud... Me fui haciendo mayor y la historia de las lentejas se me olvidó. Lo curioso es que hace años que las lentejas me encantan, y los días de lluvia me apetecen más que nunca. Quizá porque me recuerdan a Pimienta, quizá porque extraño sus historias, quizá porque con ella empezó la imaginación, quizá porque con ella empezó todo.

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