lunes, 2 de junio de 2014

Palmeras

-¿Y tú qué quieres?
-¿Qué quiero?
-Sí...
-¿Puedo elegir cualquier cosa?
-En efecto.
-Yo quiero que haya más palmeras en la ciudad.
-¿Más palmeras?
-Sí. Las palmers me dan calma.
-¿Cómo?
-Así es. Miro las palmeras y siento que no estoy aquí, que me he ido, lejos, a un lugar tropical, de tranquilidad infinita ¿sabes?
-Tranquilidad infinita...
-Cero preocupaciones.
-Y eso, dices, lo provoca una palmera...
-Una no, cuantas más mejor...
-Y pudiendo elegir cualquier cosa... ¿eliges que haya más palmeras en la ciudad?
-Claro.
-Pero podrías haber escogido irte a ese lugar tropical que te inspiran las palmeras.
-Yo no quiero ir allí.
-¿Cómo que no?
-Mi elección no es ir a un lugar tropical de tranquilidad inacabable. Tú has dicho que podía elegir lo que quisiera y yo quiero más palmeras en la ciudad.
-Pero si lo que quieres es escapar de la ciudad ¿por qué no hacerlo?
-Porque si me voy, dejaría lo más valioso.
-¿Qué?
-A ti.
-Pero podrías haber elegido irte a un lugar tropical conmigo.
-Ya, pero eso sería como obligarte a venir ¿no? Yo habría elegido, pero tú no tendrías elección. Me parece mal.
-No dejaba de ser una fantasía...
-No me gusta fantasear con esas cosas. Prefiero quedarme contigo, aquí, en una ciudad con más palmeras.
-¿Y eso?
-Bueno, aquí tú eres totalmente libre de escoger qué quieres... y entre todas las posibilidades eliges estar conmigo.
-¿Y no crees que podría elegir estar contigo en un lugar tropical?
-Aún no.
-¿Por qué?
-Primero hay que disfrutar de las cosas sencillas.
-¿Como las palmeras?
-Como las palmeras.

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