martes, 18 de marzo de 2014

Súbito

En una plaza, tomando cerveza con el sol de mediodía contemplándoles, él dijo:

-Aunque no te lo creas, hay personas que no entenderían esto.
-¿Esto?- preguntó ella cerrando los ojos y suspirando profundo. 
-Sí, esto- repitió él. 
-Esto...- sonrió ella.
-Esto que es todo- prosiguió él. 
-Todo... ¿todo?- cuestionó ella.
-Claro... todo... pero no todo de todo, sino todo de TODO, en mayúsculas. 
-Un todo en mayúsculas es un gran todo ¿eh?- le miró fijamente con dulzura. 
-Un todo en mayúsculas es lo más grande.
-Tan grande como esto...- ella sonrió y estiró el brazo por encima de la mesa para alcanzar su mano. 
-Tan grande como tú- sonreía él guiñándole el ojo y acariciando su mano con suavidad. 
-Tan grande como nosotros- sentenció ella.

Se quedaron unos segundos en silencio, mirándose. La mesa que les separaba era una distancia que habían salvado sin moverse. Estaban tan cerca que sentían el aroma de sus emociones revolotear a flor de piel. Ella inclinó ligeramente la cabeza hacia un lado a cámara lenta y dijo. 

-Eres tan guapo...

Él inspiró cada partícula de felicidad que había en el ambiente sin dejar de mirarla sorprendido, dando las gracias al universo por haberla conocido. 

-¿Te quieres volver a casar conmigo?
-Cada día de mi vida. 


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