lunes, 13 de enero de 2014

Me vuelves loco

No se conocían más que de la forma en que se conocen los amantes apasionados. Habían memorizado el cuerpo del otro con inquietante rapidez. Lo que le gustaba, lo que le extasiaba, lo que le hacía retorcerse de placer. Era tan íntimo lo que compartían como tan distorsionado todo lo demás. Se amaban en lo físico pero eran dos desconocidos en el resto.

-Me vuelven loca tus besos.
-Me vuelven loco tus pechos.
-Me vuelven loca tus manos.
-Me vuelven loco tus caricias.

Es nada se habían hecho íntimos. Tanto que no necesitaban a nadie más. Tanto que mezclaban sexo con sentimientos. Tanto que la cordura sólo era una forma más de locura. Su juego de provocación constante les tenía absorbidos.

-Quédate.
-Debería irme.
-¿Por qué te vas a ir? Quédate...
-Tienes que dormir.
-No quiero dormir, quiero aprovecharme de ti.

Y así acumulaban agotamiento. Apenas dormían, apenas podían mantener sus manos apartadas del otro, apenas se hidrataban. Hablaban, a veces, pero todo lo que tenían que decirse no lo cubrían las palabras.

-Sedúceme.
-Creía que ya lo estaba haciendo.
-Más.

Nunca era suficiente. Y el reto era constante. El enganche permanente y la obsesión, cuestión de tiempo.

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