jueves, 9 de enero de 2014

Café con leche

-¿Qué te gusta de mí?- le preguntó él tumbado en la cama, extasiado por un placer recién culminado.


-Me encanta cómo me preparas el café con leche- susurró ella, con la melena revuelta y su blanquecina desnudez enredada en las sábanas. 

-¿Sí?- prosiguió él sorprendido.

-Sí. La cantidad justa de café. La proporción exacta de leche. En taza grande. Muy caliente. Y sin haberme preguntado nunca cómo lo tomo. Es magia- sonrió suavemente clavando su intensa mirada en los ojos de él. 

-Bueno, es algo muy sencillo en realidad- se rió y la rodeó con sus brazos tiernamente.

-No te creas. Quizá para ti sea fácil. Quizá lo hayas hecho muchas veces. Quizá simplemente sea tu forma natural de hacerlo. Pero ¿qué probabilidades hay de que tu forma natural de hacerlo sea equivalente a mi forma natural de tomarlo?

-Habrá sido suerte- le quitó importancia él.

-Probemos una vez más, entonces. 

-¿Quieres un café?- él hizo el gesto de levantarse.

-No, tonto- ella le agarró la cara y le besó sin reservas- Hagamos el amor. 

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