lunes, 16 de diciembre de 2013

Carpe Diem

Parece que la vida está compuesta de retales de experiencias que estamos condenados a echar de menos. Y cuando llegan los días de melancolía todo es volver a aquellos momentos en que la sensación de placidez lo contaminaba todo. Esos instantes que ya no volverán y a los que nos aferramos rememorándolos, repasando cada pequeño detalle, cada escena, para revivirla y tratar de hacerlo, esta vez, con la intensidad y la conciencia que la situación merecía. Porque pasamos por la vida y ni nos damos cuentas. A veces parece, incluso, que el simple hecho de estar vivos sea una rutina, algo tan obvio que ni reparamos en ello. Las cosas son así y no hay que dar más vueltas. Pero las cosas no son así, no hay una única manera de vivir, no hay una única manera de existir. Hacemos una elección de entre la infinidad de formas de enfrentarnos a los acontecimientos, cruzamos sólo una puerta, y seguimos adelante. Andamos y corremos, acumulando vivencias, momentos. Los mejores y los peores permanecerán en nuestro recuerdo como guías de viaje a las que recurrir cuando estemos perdidos. Y echaremos de menos las primeras veces. La inocencia del no saber, del no tener referentes, del enfrentarte por primera vez a una experiencia nueva. Esa sensación de tensión y escalofrío, la alteración y el "esto no puede estar pasando". La vida parece ser un videojuego en el que las primeras veces se van agotando y, a medida que avanza, hay que saber dónde encontrar esas sensaciones tan intensas, motivantes e inspiradoras de nuevo. Y es entonces cuando tomamos prestados del pasado los instantes de gloria, esos que, a fuerza de repetirlos mentalmente a lo largo del tiempo, hemos terminado por idealizar. Rescatamos esa ficción restante de magnificar la realidad y la comparamos con el presente.  Muchas veces el presente acaba perdiendo ante el poder del recuerdo distorsionado, pero otras, si hay suerte, vivir el ahora es descaradamente gratificante.

martes, 10 de diciembre de 2013

Noche de chicas

-La gente evoluciona...- dijo Laura colocándose bien las gafas de pasta.

-Aunque no todos al mismo tiempo, esto está claro- afirmó Marta mareando los hielos de su copa.
-Hay algunos que no evolucionarán jamás- sentenció Estela medio sonriendo. Y todas rieron a la vez. 

Era noche de chicas y fueron a bailar al local de siempre. Lo llamaban noche de chicas aunque, en realidad, significaba "acompañamiento moral urgente en casos de bajón". Para eso estaban las amigas. 

-Parece que no haya mucho movimiento por aquí- les indicó Marta al oído.
-Ya se animará, la noche es joven...- dijo Laura.
-Buff ¡Qué pereza me da todo!- gruñó Estela. 

De repente sonó un temazo. La pista se abrió para ellas. Comenzaron a bailar sin pensar en nada más. Se reían y bromeaban divertidas. 

-Con lo bien que estamos solas ¿verdad?- gritó Laura.
-Eso es cierto ¡Qué manera de complicarnos la vida, eh!- respondió Marta
-Lo mejor sería hacerse lesbiana- bromeó Estela. Las tres se miraron, sonrieron cómplices y estallaron en carcajadas. 
-¡Bebámos!- propuso Marta.

Fueron a la barra y las rondas empezaron a desmadrarse tanto como sus palabras.

-¡Hagámos un pacto!- propuso Estela- ¡Nada de hombres!
-¡Nada de hombres!- dijeron al tiempo brindando con sus copas. 
-Un momento.... ¿Nada de hombres para siempre?- puntualizó Laura mirando su móvil. 
-A ver... para siempre, para siempre.... -dudó Marta. 
-Yo no digo nada pero mirad lo que acaba de entrar- Laura casi ni terminó su frase y las tres ya habían girado la cabeza en dirección a la puerta. 
-Ay madre.... -soltó Estela, Laura rió y Marta calló. 

Disimularon un poco al estilo quinceañero. Risas por lo bajo, comentarios secretos, miraditas indiscretas. 

-Qué monos ¿no?- dijo Laura.
-No están mal, no...- siguió Marta.
-Vaya, vaya...- cerró Estela. 

Laura empezó el ritual del cotejo a distancia con el más alto, aprovechando que le había pillado mirándola y sonriendo. Que si una caída de ojos, que si un girar la cabeza sutilmente mientras mis amigas me hablan. Y así estuvieron un buen rato.

-Voy un momento al baño- dijo a sus amigas.

Cuando volvió. Se encontró a las chicas hablando con los chicos. 

-¡Laura!- gritó Estela con una euforia desmedida y la abrazó. 

Estela, la que media hora antes había dicho "Nada de hombres", batía sus alas de mariposa frente a un hipnotizado Pablo. Marta, en cambio, usaba la frialdad como reclamo con Juan. 

-Laura, ven...- Marta la cogió del brazo- ¿Qué ha pasado?
-¿Qué ha pasado, de qué?-
-¡Hombre, me dirás!- rió burlándose- Aquí había tres tíos y, anda, ahora sólo hay dos y, anda, el tercero está viniendo ahora mismo del baño... - le guiñó el ojo.
-Mira, Marta, este es Lucas- Laura les acercó para que se dieran dos besos, sin poder contener la risa. Entonces apareció Juan con una copa para Marta y ella, a cambio, le ofreció su atención. 
-Mis amigas, tus amigos- sonrió Laura mirando a Lucas con dulzura.
-Te dije que funcionaría....- Lucas la abrazó por la cintura.
-Ha sido una táctica arriesgada- sonrió Laura.
-Yo no podía quedarme sin verte esta noche. Ha sido divertido ¿verdad?
-Eres genial- le dijo ella al oído.
-Tú más- la besó.