viernes, 15 de noviembre de 2013

Something (Historia de un amor)

Prefacio.  
Empiezo a escribir y suena "Something" de los Beatles. Por un momento pienso en que resulta una forma de comenzar algo manida, pero, qué demonios, es la verdad. Hoy me he despertado envuelta en nostalgia. He dado un par de vueltas en la cama y lo he sabido: estoy demasiado acostumbrada a acaparar el espacio, sin impedimentos, todo el colchón para mí, las sábanas se me enroscan en el cuerpo y no tengo que pensar si se las estoy quitando a alguien. Estoy acostumbrada a dormir sola y me gusta y lo odio al mismo tiempo. Entonces, como no, tenía que acordarme de él. Él que es ficción y realidad. Que nunca está pero, a veces, está más que nunca.

Capítulo I: Ficción
Nos conocimos en un lugar remoto. Era de noche. No recuerdo cómo ocurrió exactamente, hace mucho tiempo ya. El caso es que hablamos. Jugamos a ver quién decía la estupidez más grande. Conectamos. Lo siguiente que recuerdo es invitarle a tomar café a mi casa. Llegó empapado, estaba lloviendo. Charlamos, nos reímos, se fue. Al poco dejamos de hablarnos. Él estaba con alguien, yo estaba con alguien. Y la magia se nos rompió. La vida nos volvió a reunir tiempo después. De noche, otra vez. Apareció en mi casa. Trajo vino. Bebimos, reímos, coqueteamos. No ocurrió nada. Se fue. Y ya no le volví a ver hasta meses después.

Capítulo II: Realidad
El tiempo seguía transcurriendo mientras lo nuestro se mantenía en standby. Pero algo ("Something") en su manera de ser me atraía como ningún otro. Era un imán. Cuando me dejaba llevar por su recuerdo mis pensamientos se entretenían con cada mínimo acto compartido y lo engrandecían como si fuera la situación más especial jamás vivida. En ese tiempo ya me habían llamado rompecorazones más de una vez. Y yo callaba y me resignaba esperando, quizá, que algo cambiara.

Capítulo III: El amor no es lo que crees
La primera vez que le besé, salió huyendo. Como en una de esas comedias absurdas de adolescentes. Quizá no fue exactamente así, pero mi sensación posterior me dejó ese recuerdo. El beso no estuvo mal, el plantón fue terrible. Aquella madrugada lloré pero nadie lo supo. Creía que el amor estaba por encima de todo y me daba cuenta, de golpe, que no era así. Primaban otras cosas, que él había colocado encima y que me aplastaban hasta dejarme muy pequeñita. La decepción no logró aplacar mis sentimientos.

Capítulo IV: La pérdida constante
Tantas veces sentí que le estaba perdiendo que, años después, llegué a ser inmune. Uno no sabe lo que es sufrir por amor hasta que ve al suyo alejarse para acercarse a antiguos amores que, en sus palabras, nunca fueron tan especiales como el vuestro. En este contexto, el corazón ayuda a la mente a jugar malas pasadas. Y yo estuve años sin entenderlo. Luego supe que él había elegido seguir con su vida mientras yo le estaba esperando.

Capítulo V: La comunicación
Mi manera más íntima de comunicarme con él era escribiéndole. Le escribí cartas de todo tipo. Desde historias inventadas basadas en nuestra relación a intensos y desgarradores testimonios literarios de mis sentimientos. Existían mejores formas de transmitir, pero ninguna a nuestro alcance. Y la escritura lo hizo todo aún más bucólico, más dramático, más romántico.

Capítulo VI: Te quiero
No recuerdo la primera vez que me dijo "Te quiero". Pero recuerdo haberlo escuchado, leído y sentido muchas veces a lo largo de los años. "Te quiero" y ya está, no hay más, el mundo vuelve a ser un lugar bonito en el que estar. Hubo un tiempo en que nos dimos cuenta que decir "Te quiero" se nos quedaba corto. Dos palabras no podían abarcar un sentimiento tan grande. Los dos fantaseábamos con que lo nuestro era único, así que no podíamos usar las mismas palabras que los demás. Por eso escogimos un par de palabras comunes y les dimos otro significado, uno que sólo él y yo sabíamos, y esa fue nuestra sencilla pero eficaz forma de hacerlo distinto, único y exclusivo.

Capítulo VII: Hacer el amor
Lo podíamos llamar simplemente sexo, pero nunca lo fue. Y no lo fue porque tuvimos que esperar años hasta dar con la oportunidad de estar juntos, de sentirnos y tocarnos. Así que durante ese periodo asexuado de nuestra relación nos dedicamos, sin saberlo, a conquistarnos, a cortejarnos, a enamorarnos. Y así fue como, desde la primera a la última vez, estuvimos condenados a compartir una desnudez más allá de la corporal y un deseo más allá de lo físico. En esos momentos las palabras se borraban para dejar todo el peso de la comunicación a las miradas, las caricias y el placer.

Capítulo VIII: El amor no es suficiente
Ya no creo en el amor como antes. Perdí mi fe al saber que el amor no es suficiente para que dos personas que se adoran estén juntas.

Capítulo IX: El olvido
Aún a día de hoy seguimos sin olvidarnos. Aunque ya no es lo mismo, ya no somos los mismos, siempre habrá algo que nos una.

Capítulo X: La recompensa
A veces pienso que todo esto no puede haber ocurrido por nada. Que debe haber una razón. Y si entro en analizarlo al detalle, diría que ambos hemos ido creciendo personal y emocionalmente en paralelo a lo largo de los años. Pero que, de algún modo, también lo hemos hecho juntos, aferrados al recuerdo del otro.

Capítulo XI: La manera bonita de terminarlo
Si existiera una manera bonita de terminar esta historia sería decir que, a pesar de no poder estar juntos, nos quedamos con el recuerdo de los intensos momentos vividos. Ahora que cada uno sigue su camino, vive su vida, se centra en lo suyo, parece ser el momento idóneo para despertar del sueño. Un sueño que nos ha atrapado durante mucho tiempo. Un sueño que estaba en nuestra mano realizar y que nunca supimos cómo. Un sueño que se nos escapó porque era tan bonito que daba mucho miedo despertar de él.

Capítulo XII: La fortaleza
A pesar de todo. Del adiós perpetuo en el que parecemos estar atrapados. Existe un mundo, muy pequeño, invisible a los ojos del resto y que es sólo nuestro. Un mundo compartido al que acudimos siempre que nos falta "something".

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