viernes, 18 de octubre de 2013

Hombresmujeres / Mujereshombres

Te pasas la vida intentando diferenciarte de los demás. Buscando tu propia identidad. Fabricándote. Aceptándote. Conociéndote. Reinventándote. Te pasas la vida tratando de no caer en los tópicos, de hacer las cosas a tu manera, de ser natural, auténtica, honesta. Y cuando llegas a gustarte a ti misma, cuando crees que tienes algo peculiar que te caracteriza, cuando has logrado potenciar tus virtudes y aceptar tus defectos, cuando dejas de tener miedo a elegir, por una vez, y hacer lo que crees mejor para ti, viene alguien y te suelta: "nunca entenderé a las mujeres". Treinta años construyéndote para que te reduzcan a eso, a ser  "una más" ¡Qué bonito, eh! No me entendáis mal, hay mujeres maravillosas en el mundo con las que sería un placer ser equiparada. Pero, qué hombre no ha entendido aún, a estas alturas, que una mujer lo que quiere es sentirse única y especial. Tiene que haber algún videojuego, libro, película, blog, algún post-it por ahí donde esté claramente especificado. A lo mejor somos demasiado sutiles con esas cosas, quizá sea culpa nuestra, no hablamos con claridad, nos cuesta resumir. Vamos a ver, para los despistados, ÚNICAS Y ESPECIALES. Desde el punto de vista femenino es sencillo. Desde el masculino es como subir al Everest desnudo y sin sherpa. Así nos va, que no hay manera de entenderse. Si hablas con claridad eres insensible y fría, si eres sutil, espérate sentada a que alguien capte los matices de tu discurso. Luego, si te ofendes, eres una exagerada, y si pasas, te haces la difícil. Así cómo no vamos a llegar a la fase "Basta de Juegos", ese momento en la vida en que vas a por lo que necesitas. Quieres agua, abres el grifo. Quieres bailar, pones música. Quieres reír, pides que te cuenten un chiste. Y así con todo. Mujeres asumiendo los roles del hombre tipificado. Y hombres asumiendo los roles de la mujer tipificada. Ella llevando la iniciativa. Él esperando el momento. Ella sin dejar pasar una. Él cohibido y nervioso. Ella guerrera. Él cobarde. Insisto, así nos va. Todos con un mareo terrible. Y ¿por qué? Por ese empeño en etiquetarlo todo, en agrupar comportamientos similares, y creernos que jugamos con ventaja. Afán de control, afán de ser más pícaro que el otro y adelantarse a los acontecimientos. Cuánto fallo y, a veces, qué divertido es darse cuenta de lo estúpidos que resultamos. Cuán tontos y, sin embargo, cuán listos nos creemos. No lo sabemos y estamos jugando al mismo juego, en el mismo campo y, a veces, incluso con el mismo equipo. Pero seguimos pensando que la distancia que nos separa cada vez es mayor y con eso nos consolamos unos y otros.

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