jueves, 6 de junio de 2013

Novia

A veces creo que se me ha olvidado el "ser novia". He reinterpretado en tantas ocasiones a lo largo de mi vida la interconexión romántica entre dos personas que he terminado hecha un lío. Entre "todavía es pronto" y "para qué vamos a definirlo" me he ido perdiendo en, lo que viene a ser, un estado permanente de "vamos a ver cómo nos va". Cuán fácil es la escapatoria cuando el compromiso resulta tan frágil. "Es que el compromiso lo tengo con mis propios sentimientos", claro, esto lo dices al principio, cuando todo es recompensado por la atención desmedida del otro. Luego, ese compromiso con tus sentimientos se acaba convirtiendo en un "no le veo igual de entregado" lo que se traduce rápidamente en "esto no va, dejémoslo". Así es como salvas a tu corazón de un aplastamiento inevitable debidamente anunciado por pistas que sólo las mujeres más minuciosas sabemos descifrar. Y es entonces, después de haber aprendido que existe un periodo de prueba indefinido, un momento exacto en el que no es precipitado decir "te quiero" y te has dado cuenta de que los planes por separado son la norma y los planes juntos la excepción, es en ese punto cuando llega alguien y quiere que seas su novia. ¿Novia? Años hace que nadie me llamaba así. ¿Cómo va eso? ¿Cómo se es novia? Difícil de saber después de todo. De los "dame tu teléfono" pero nunca te llamaré, de los "quedamos a tomar algo los dos solos" pero no te creas que es una cita, de los "nos decimos algo para el finde" y recibes un mensaje el sábado a las cuatro de la madrugada, de los "no te he respondido al mail porque he tenido mucho lío" y tantas otras cosas que te dejan con ganas de abrirle las puertas de par en par a la homosexualidad. Pero sabes con certeza que hubo un momento en que ese desapego personal en las relaciones románticas era el resultado de la puesta en práctica de tu ferviente feminismo. "Yo me pago mis cosas porque soy autosuficiente e independiente". Renuncias al cortejo en favor de la "igualdad", renuncias a las demostraciones de interés y a la manifestación del romanticismo por ser demasiado cursi. Eso te va a proteger de las probables decepciones futuras, claro, seguro. La clave de todo es hacer que parezca que el otro está más enamorado que tú, aunque tú te mueras de celos cuando queda con su ex "porque son muy amigos". Da igual, te callas, mantienes tu pose distante y misteriosa, como si la cosa no fuera contigo. Porque, en realidad, vuestra relación es tan "abierta" que no te crees con derecho a anunciar tus inquietudes. Pasan los años, te montas en la perspectiva y caes en la cuenta de que por ese tipo de cosas se te ha olvidado ser novia, justo en el momento en que alguien te toma como tal. Así, automáticamente, sin dilaciones, sin rodeos, sin excusas tontas. Y te sorprendes porque lo que para él es natural, para ti, ahora, es excepcional. Visto lo visto...