viernes, 24 de mayo de 2013

Trescero

No te quieres dar cuenta y ya tiene treinta años. Así, como un fruto seco sin masticar, se te atragantan las tres décadas vividas. Toses, carraspeas, pero nada. Han llegado y van a quedarse, asúmelo. Te montas en el drama por aquello de los puntos de inflexión que te marca la presión social, a la que nunca le has hecho caso pero que siempre has tenido en cuenta, aunque sea en tu diálogo/discusión interior. Total, que tienes treinta y ¿qué haces? Mirarte en el espejo e intentar verte tal y como veías a la gente de esa edad cuando tú eras un polluelo apenas salido del cascarón. Te vienen a la mente palabras como madurez, estabilidad, familia... Y te ríes. Es una risilla floja, no de burla, más bien de terror. Y la cosa es que parece que tu reloj biológico se ha puesto en marcha y la palabra "aventura" adquiere una nueva dimensión. Haces balance. Tienes pareja, por fin una relación estable. O eso parece. Nada de distancias. Nada de tonterías. Construcción y más construcción. Vives el momento, ya que no conoces otra cosa, pero sabes que ese momento podría dilatarse en el tiempo y no te asusta. Es más, te apetece. Te cuesta reconocerte. Hace algunos meses yacías petrificada sobre una tabla de madera carcomida en mitad del océano y caía sobre ti el diluvio universal. Aquel fue, sin saberlo, el funeral de tus veinte. De los años en que la locura era sinónimo de sufrimiento y no de diversión. La década en la que boicoteabas todas tus relaciones buscando el  verdadero significado del AMOR. Aquellos maravillosos años que te han enseñado valiosas lecciones y te han dirigido hasta.... redoble de tambores....EL MEJOR MOMENTO DE TU VIDA. Plenitud emocional, plenitud intelectual, plenitud sexual... Atención, empieza una nueva era.

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