miércoles, 29 de mayo de 2013

Preguntas

Haciendo cálculos, así a grosso modo, diría que hace al menos diez años que batallo contra la idea de que "a veces es mejor no saber". No estoy segura de en qué momento de mi vida se me programó para ser una cuestionadora eterna. Para intentar entender todo aquello que me toca, me impacta o me retuerce. El hecho es que la década que llevo en contra de que "a veces es mejor no saber", también he estado intentando aceptar que soy una mujer escéptica y testaruda, con un sentido de la intuición excesivamente desarrollado y una capacidad de manipulación que va más allá de lo que todavía soy capaz de controlar. Extraños superpoderes los que me han sido otorgados. Extraños y agotadores. Al principio, como le ocurre a todo héroe, mis poderes estaban totalmente descontrolados. Los usaba sin un fin, sin un objetivo marcado y en grandes cantidades, cuanto más los usaba más poderosa me sentía. Muy responsable no era, tampoco muy consciente de la repercusión de mis actos, qué queréis, era joven y estaba experimentando. El caso es que empecé a sospechar que algo no estaba funcionando adecuadamente cuando varias persona me dijeron aquello de "haces demasiadas preguntas". A lo que yo respondí (totalmente a la defensiva) "pregunto lo que quiero saber". Tampoco me parecía tan malo. Luego, con el tiempo (para el que no lo sepa aún le diré que el tiempo tiene la mayoría de las respuestas), un ente sabio que en ocasiones ronda cerca de mis oídos, me contó que ser una preguntona podía resultar intimidante. "No todo el mundo está dispuesto a hablar sobre sí mismo en los mismos términos en que lo haces tú", me dijo. Yo, aturdida y altamente sorprendida, me detuve en seco. Claro, esos ojos de pánico, esa respiración sutilmente acelerada, esas muecas de tensión... eran pistas que yo no había sabido (o querido) entender. Llegada a este punto, diez años después de que me creyera la dueña de una filosofía de vida liberadora y suprema, se me plantea una cuestión de alta importancia: ¿a veces será mejor no saber? Por las cosas que he descubierto en los últimos años... quizá diría que sí pero, ojo, si no las hubiera sabido quizá jamás hubiera llegado hasta aquí. Sigo preguntando.

viernes, 24 de mayo de 2013

Trescero

No te quieres dar cuenta y ya tiene treinta años. Así, como un fruto seco sin masticar, se te atragantan las tres décadas vividas. Toses, carraspeas, pero nada. Han llegado y van a quedarse, asúmelo. Te montas en el drama por aquello de los puntos de inflexión que te marca la presión social, a la que nunca le has hecho caso pero que siempre has tenido en cuenta, aunque sea en tu diálogo/discusión interior. Total, que tienes treinta y ¿qué haces? Mirarte en el espejo e intentar verte tal y como veías a la gente de esa edad cuando tú eras un polluelo apenas salido del cascarón. Te vienen a la mente palabras como madurez, estabilidad, familia... Y te ríes. Es una risilla floja, no de burla, más bien de terror. Y la cosa es que parece que tu reloj biológico se ha puesto en marcha y la palabra "aventura" adquiere una nueva dimensión. Haces balance. Tienes pareja, por fin una relación estable. O eso parece. Nada de distancias. Nada de tonterías. Construcción y más construcción. Vives el momento, ya que no conoces otra cosa, pero sabes que ese momento podría dilatarse en el tiempo y no te asusta. Es más, te apetece. Te cuesta reconocerte. Hace algunos meses yacías petrificada sobre una tabla de madera carcomida en mitad del océano y caía sobre ti el diluvio universal. Aquel fue, sin saberlo, el funeral de tus veinte. De los años en que la locura era sinónimo de sufrimiento y no de diversión. La década en la que boicoteabas todas tus relaciones buscando el  verdadero significado del AMOR. Aquellos maravillosos años que te han enseñado valiosas lecciones y te han dirigido hasta.... redoble de tambores....EL MEJOR MOMENTO DE TU VIDA. Plenitud emocional, plenitud intelectual, plenitud sexual... Atención, empieza una nueva era.