miércoles, 13 de marzo de 2013

La distancia

Llevo años estudiando a fondo de qué manera afecta la distancia en las relaciones de pareja. Ha sido un exhaustivo trabajo de campo, vivido, sentido y sufrido. Ha sido intenso en extremos muy opuestos. Fruto de una cadena de acontecimientos delirantes. Y todo ello para llegar a la conclusión de que las relaciones a distancia son terriblemente difíciles. Admiraré a todo aquel capaz de sostener el inicio de una relación a kilómetros, y dada mi experiencia podría hasta pensar que es un superhéroe. Porque hay que estar hecho de una pasta especial para soportar la frustración que supone la separación física de la persona que quieres mirar, abrazar, sentir y disfrutar.

Pensándolo bien, podría haberme rendido en el segundo intento. Y ser realista con el hecho de que verse es una parte muy importante del conocerse, conocerse es una parte muy importante de cuidarse y cuidarse es una parte muy importante de quererse. La lógica es aplastante, casi tanto como mi ceguera. Así han pasado dos años, con períodos muy cortos de amor y muy largos de desilusión. Quizá motivada por un empeño y cabezonería importantes, no lo niego. Me autoconvencí de que lo que hacía a una relación apasionante era el reto y no hay mayor reto que lograr salvar distancias insalvables. Qué mayor muestra de amor hay que estar ahí, aunque todo por lo que te mantienes esté basado en humo. El humo que genera el constante movimiento de pensamientos en tu cerebro. Dudas alimentadas por un sólo hecho: no verse. Y todo está magnificado, lo bueno (por eso estás tan enganchada a la relación) y lo malo (justificación perfecta para seguir intentándolo). Rizar el rizo termina siendo cosa del día a día. Y lo que al principio era una relación tranquila, serena, sin agobios, manteniendo el espacio de cada uno, se convierte en dudas, temores e inseguridades que difícilmente se pueden solventar con un fin de semana apasionado al mes.

Si alguna vez me pedís consejo sobre el tema os diré que lo viváis. Como hay que hacer con todas las oportunidades que nos ofrece la vida. Vivirlas y aprender de ellas. Quizá os deis cuenta a la larga, como yo, que sólo intentabais esconderos de algo más grande. Que lo difícil no es la distancia, lo complicado es encontrar quien esté ahí siempre, quien os proteja, os guíe, os acompañe, comparta vuestras ilusiones y os motive a dar lo mejor de vosotros cada día, cada hora de vuestra vida. Lo difícil no es verse una vez al mes e intentar que todo sea especial, perfecto. Lo realmente difícil es vivir con alguien y hacer que cada mínimo momento sea bonito y reír y  mirarse como si no hubiera nadie más en el mundo capaz de haceros vibrar. Y conseguir eso todas las mañanas, todas las tardes, todas las noches... Eso sí que es un reto.


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