martes, 12 de febrero de 2013

La temperatura del agua

En los detalles reside la esencia, la pureza, el yo profundo. El verdadero detalle es el que ocurre sin pensar, el que nos muestra al exterior tal y como somos, el que nos define en nuestras relaciones, el que nos libera. Y es en los detalles de los demás donde buscamos la conexión, la pista que nos conduzca hasta el siguiente paso. Detalles que facilitan el camino o simplemente señalan la oportunidad. Detalles surgidos de la imaginación y la naturalidad. Notas bajo la puerta con mensajes de buenos días, calor estratégico sobre pies helados, cuidados involuntarios que no suponen un esfuerzo, ni un sacrificio, son actos reflejos. Y en ellos quizá encontremos la respuesta a la eterna pregunta ¿esto saldrá bien? O simplemente actúen como  ahuyentadores de lo malo, portadores de buenas sensaciones. Y explota la sonrisa cuando descubres la coincidencia de pensar a la vez lo mismo, de regular el agua de la ducha a temperatura muy alta, de atrapar con la mente los mismos cometas. Hechos que, a simple vista parecen absurdos, pero son chispas que encienden la llama que quema la mecha que activa el bombeo acelerado de sangre y altera las partículas del cosquilleo interno. Destellos de inmensa felicidad en pequeños gestos que nunca deberían pasar desapercibidos porque son, seguramente, lo mejor de esta única e irrepetible vida.