domingo, 6 de enero de 2013

La bufanda y los héroes de 2012

Hace tres años empecé a tejer una bufanda. En aquella época vivía en Madrid, una ciudad de la que estoy profundamente enamorada.. Tejer me sirvió entonces para marcar diferencias en mi vida. Cruzaba las agujas con alegría y esperanza, buscando tiempos mejores, ilusiones y pasiones cercanas que llenaran las horas vacías de literatura fantástica. Iba con mis agujas y mi lana a casi todas partes. Fieles compañeras de viaje, me seguían en mis idas y venidas de Madrid a Barcelona, de Barcelona a Madrid. Y la gente me miraba como si lo que hacía no se correspondiera con lo que era. A día de hoy la bufanda sigue sin terminar. La encontré hace poco, después de mucho tiempo de haberle perdido la pista. Resulta sorprendente cómo las cosas que un día significaron tanto para nosotros pueden perderse en el olvido para  reaparecer de nuevo en nuestra vida así, sin más. Y nos hacen pensar, nos hacen recapitular, nos devuelven el recuerdo de todos esos reencuentros inesperados que han salpicado nuestra vida de emociones chispeantes.

2012 ha sido un año de encuentros y reencuentros apasionantes. La casualidad se alió con la fortuna y juntas cruzaron mi camino con el de personas fascinantes. Hay algunos encuentros que no se hubieran producido sin tres o cuatro acontecimientos precursores. Y hay otros que simplemente se dieron en un momento de acción única. La vida es imprevisible. Por un amor perdido encontré amistades fuertes y sinceras, que cuidan incondicionalmente, que se entregan sin reservas, que están, cumplen y se salen. Mi corazón roto viajó sin rumbo durante un tiempo  y se unió a otros corazones rotos, compasivos y comprensivos, que se dieron a mí sin pedir nada a cambio. Compartí mis emociones abiertamente y me llevé la sorpresa de conectar con personas que sienten como yo. Regalé mi atención a aquellos que confiaron en mis conocimientos para ser aconsejados, y recuperé algunas manos imprescindibles que sujetan los extremos de mi red de seguridad. Ha sido un buen año, en gran parte gracias a ellos. Por su capacidad para hacerme reír cuando no quiero, su infinita paciencia, sus palabras de aliento. Ellos que dan sin esperar y creen que soy especial (aún me pregunto por qué). Ellos que me miran y me leen, me tocan y me sienten, me hablan y me alivian. Son grandes y modestos al mismo tiempo. Seres terrenales, personas sencillas, que en mi mundo se han  transformado en héroes, mis héroes.

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