viernes, 23 de noviembre de 2012

La esencia del recuerdo

A veces me tumbo sobre la cama, a mediodía, cuando el sol entra con más intensidad en la habitación, y pienso en ti. Cierro los ojos y saboreo cinco minutos de soledad absoluta recreándome en tu imagen. Perfilo tus labios, tu cuello, las curvas de tu nariz, la largura de tus pestañas. Te dibujo mentalmente al detalle, aprieto los párpados y hago una fotografía . Luego abro los ojos y proyecto esa imagen en el techo. Me quedo un rato más imaginando tus gestos, tu mirada, tu sonrisa. Y te siento cerca. Bajas del techo y te tumbas a mi lado. Nos reímos el uno del otro y digo aquello de "muy maduro todo". Sigues riendo, como si hiciera mucho tiempo que no lo hacías con tanta facilidad. Pones tu mano sobre la mía y se me olvidan las palabras, se me olvida respirar, se me olvida que estoy sola en mi habitación, tumbada en mi cama, y siento, por un instante, que todo es posible.

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