martes, 9 de octubre de 2012

Poco se habla del amor

Entre la cantidad de cosas que no entiendo, hay una que ha cobrado más protagonismo en las últimas semanas. Seguramente sea por las recientes conversaciones que he tenido con mis amigos. O, a lo mejor, por las experiencias que me ha tocado vivir últimamente. El caso es que tengo la sensación de que ya nadie habla del amor. Podría ser por la edad, todos rondamos la trentena. Quizá por la cantidad de desengaños acumulados con el tiempo. Es posible que pensemos que ya somos mayores para volvernos locos de amor, que eso era cosa de la veintena. Pero cuando estamos en pareja muchas veces valoramos la relación en función de criterios que no tienen nada que ver con el sentimiento.

Es curioso. Me resulta curioso. Siempre pensé que el amor no se podía definir en parámetros racionales. De hecho este blog está repleto de reflexiones basadas en ello. Pero, hablo con las personas de mi alrededor, y al preguntarles por sus relaciones nunca sale la expresión "le quiero mucho" o "estamos tan enamorados...". Puede que eso ahora nos resulte una cursilada. Que hayamos perdido el sentido romántico de la vida y veamos en el amor el signo de nuestra mayor vulnerabilidad. Si te enamoras corres el riesgo de que te rompan el corazón, de sufrir, de estar mal. Y si compartes abiertamente tus sentimientos con los demás te arriesgas, en el caso de que la relación no funcione, a sentirte fracasado y encima tener que dar explicaciones.

Y así nos vamos escondiendo, dejamos de compartir la irracionalidad subjetiva latente y destellante que supone amar, para hablar de "estamos bien", "no me puedo quejar", "se porta genial conmigo". Nos cansamos del ensayo-error permanente y escogemos aquello que nos aporta menos cantidad de sobresaltos. Balsas de aceite. Pero aún soy capaz de adivinar en los ojos de los demás cuándo esa calma constante no es suficiente. Porque al fin y al cabo, aunque no lo digamos en voz alta, todos queremos creer que existe un sentimiento que está por encima de cualquier otra cosa. Por encima de recibir lo que se da, de los malo entendidos, de los errores y las disputas. Un sentimiento que convierte los defectos en virtudes y cualquier situación cotidiana en algo especial. Y razón tienen los que dicen que el amor no puede basarse únicamente en caminar flotando por las calles mientras no te quitas a la otra persona de la mente. A eso unos lo llaman el enamoramiento o la pasión del inicio que se difumina pasado el tiempo. Yo lo llamo la base sobre la que construir todo lo demás. Porque sentirte así es lo que te da la fuerza y la valentía para afrontar lo que viene después. Con lo difícil que es de encontrar, cómo renunciar a ello por creer que es una ficción, una intensidad momentánea y fugaz. Al fin y al cabo, llevo toda mi vida intentando definir qué es el amor y todavía hoy no tengo ni idea. Sólo sé que cuando lo sientes, dejas de racionalizarlo, te quedas sin palabras y la única forma de expresarlo es con una sonrisa inconsciente y permanente. Lo que viene después de eso, es un dulce misterio aún por descubrir.

1 comentario:

Anónimo dijo...

amén :)