domingo, 21 de octubre de 2012

La vida normal

Como cada domingo, la vecina de enfrente riega sus pequeño jardín urbano. Yo la observo, sentada en la mesa del salón, con mi café eterno y escuchando algo de música. La miro y cada domingo invento una historia nueva sobre ella. No la conozco, no sé si tiene familia, si vive sola o simplemente se dedica a regar las plantas de un amigo. Nunca he coincidido con ella en otro contexto. Y, sin embargo, cuando no la veo en esa terraza de muros altos, me falta. Es la costumbre creada de la repetición. Esos patrones insignificantes que hacen de nuestra vida algo seguro, en orden.

A veces odio los cambios y a veces odio la rutina. A veces deseo sentirme segura y otras necesito esforzarme para mantener el equilibrio. A veces simplemente querría hacer lo que hacen los demás y otras soy incapaz de seguir el supuesto camino correcto. A veces quisiera sentir la convicción constante de estar tomando las decisiones adecuadas y otras ni siquiera me apetece pensar antes de actuar. A veces me gustaría que lo que quiero y lo que necesito fueran la misma cosa y otras simplemente no le pongo etiquetas a nada.

Tiempo me ha costado adivinar que soy dispar por naturaleza y aceptar que lo que me hace fuerte también me debilita. Llegada a este punto, trato que cuadrar la balanza e ir siguiendo mis propias normas en favor de sentirme bien conmigo. Sinceridad y naturalidad, con una inevitable dosis de transparencia.


1 comentario:

Key Hunters dijo...

Eso hacía yo en el gimnasio; miraba por la ventana y me imaginaba la vida de la gente. Debería empezar a hacerlo con los vecinos, parece mucho más divertido :D