jueves, 25 de octubre de 2012

La copa

El otro día me regalaron una copa de cocktail bonita. De esas de martini mezclado pero no agitado y una aceituna. Era verde. Formaba parte de un juego de seis y era la única que había logrado escapar de la torpeza del ser humano en estado de embriaguez. La puse en mi escritorio y me quedé mirándola. La luz de la lámpara, al atravesarla, creaba destellos de colores. Me resultó un objeto realmente atractivo.

Pasé un rato imaginando a una mujer encantadora, de labios rojos y mirada penetrante, sentada en la barra de algún local poco concurrido de Manhattan. Un bar con las paredes forradas en terciopelo color burdeos y las mesas de mármol blanco. El camarero, con camisa blanca y chaleco negro, secando con un trapo algunos vasos mientras ella pierdía la mirada en el fondo de su copa y con un dedo hacía bailar la aceituna en círculos dentro del recipiente. De repente, al camarero se le cae un vaso al suelo y el estruendo se funde con el sonido de las campanas de la puerta. Ella sube la mirada hacia el frente y ve, a través de un espejo, que alguien entra en el bar. Saca el dedo de su copa y se lo lleva a la boca con la intriga patente en su rostro. Aparece la silueta de un apuesto hombre, vestido de traje y gabardina, sombrero de galán y guantes de cuero. Ella sonríe, él se acerca. Ella se estremece, él la mira como si hubiera estado buscándola durante años. Ella calla y él dice: "Nunca debiste desaparecer de mi vida". Y en ese momento la abraza, la inclina delicadamente sobre su brazo derecho y la besa apasionadamente.
.
Podría pasar...

1 comentario:

Key Hunters dijo...

Yo fui a un local poco concurrido de Manhattan y resultó ser un antro de mucho cuidado, así que elige con cuidado :) Y puede pasar, sí. Vete a un bar de cócteles y a ver qué pasa :D