viernes, 6 de julio de 2012

La primera cita (Parte 3)

La primera cita (Parte 1)
La primera cita (Parte 2)

La primera copa de vino se terminó rápido al mismo tiempo que la pose y la timidez. El juego de los desconocidos encantadores que se descubren poseedores de vidas paralelas con conexiones inauditas, comenzó a resultar adictivo. Claramente compartíamos el mismo sentido del humor, irónico y vacilón, con un toque de seducción accidental, calculada y practicada hasta su perfeccionamiento.

-¿Más vino?- dijo llenando mi copa sin esperar respuesta.
-No debería...
-Bueno, piensa que aquí cuando llueve, llueve. No esas lluvias tontas de media hora ¡y listo!... No, qué va...Aquí llueve días y días...¡qué digo días, meses incluso!... Así que ponte cómoda...-sonrió con la travesura de un niño.
-Vaya, vaya, vaya... Así que meses.. Pues si voy a quedarme tanto...-forcé una expresión seria y pensativa- ¡Quizá deberíamos empezar a hablar de cuánto me vas a cobrar por el alquiler de una habitación!- me reí poniendo instintivamente mi mano sobre su hombro. Él también se reía, algo temeroso, algo cortado por mi gesto, pero sin mostrar un ápice de incomodidad. Al contrario, en un movimiento al que quiso darle toda la naturalidad posible, plantó su mano en mi codo. Tres segundos en esa posición fueron suficientes para confirmar la atracción mutua. Y tres segundos más para decidir quitar mi mano de su hombro suave y delicadamente, rozando su brazo levemente con la punta de mis dedos.

Volvimos a nuestro estado inicial. Copa de vino en una mano, la otra sobre el regazo, cara de "aquí no ha pasado nada" y rubor en las mejillas. Nos quedamos en silencio, él se acomodaba en el sofá, inquieto, tocándose las cervicales, atusándose el pelo. Yo le miraba por partes: los brazos, los hombros, las manos... la nariz.. "¡Anda! Si tiene un lunar...ahí, al lado de la nariz...pero qué atractivo, por favor...¿pero de dónde ha salido este chico? ¿pero porqué es tan guapo? con esa mirada... No me mires así, hombre... que me desmayo...Venga, ya vale... Me va a descubrir, me lo va a ver en la cara... Madre, qué ridícula debo estar ahora mismo... No puede ser.. ¡Me voy! ¿pero cómo me voy a ir si es el chico más guapo del mundo? ¡Cásate conmigo!....." Mi pensamiento desvariaba en mitad del silencio y, mientras, él seguía sin encontrar la postura.

-Te voy a decir una cosa- soltó al fin, serio y riguroso.
-¿Me vas a reñir?
-Sí
-Ya... No si....es normal... Quiero decir, sé que....bueno, en fin, ya me entiendes...- sonreí ligeramente- Qué te voy a contar que no sepas...
-Eso es, no puedes ir por el mundo así, lo sabes ¿no?
-Sí, sí... no te creas que eres el primero que me lo dice... Pero vamos, no sé, tampoco es tan grave ¿no?
-Es ciertamente muy incómodo, la verdad...-hizo una pausa. Yo esperé a que retomara lo que, suponía, era un vacile. Él sonreía, yo ponía cara de impaciencia burlona y cuando la tensión llegó a su punto máximo soltó- Esa mirada que tienes... A ver ¿dónde la has conseguido? ¿Dónde la venden? ¿En el mercado negro? ¡Yo quiero una para mí!... Estoy seguro de que con esa mirada puedes ver a la gente desnuda por la calle... Esa mirada tiene superpoderes... ¡No es normal! A mí no me engañas...

Se rió y me miró fijamente, mostrándome que aquello había sido un piropo. Yo sonreía  y notaba cómo la comisura de los labios me temblaba. De repente, la timidez más profunda se enfundó mi piel y busqué algún cojín a mi alcance tras el cual poder esconder toda mi transparencia. En ese momento, mi única red de seguridad era seguir bromeando.

-¿Ésta mirada dices?- señalé mis ojos- Esto es una edición limitada...-sonreí pensando en lo estúpido de la frase.
-¡Me lo temía!- hizo un gesto con el brazo chasqueando los dedos- Soy coleccionista de ejemplares únicos ¿te lo había dicho ya? Tengo un ojo clínico para estas cosas...
-¡Mira tú!- exageré mi sorpresa y remarqué mi interés con un vaivén de cabeza- Pero esta mirada es mía.. No sé, tú búscate otra...esta es mía, insisto- puse una ficticia cara de temor.
-Ya bueno, tranquila, no tengo pensado arrancarte los ojos, ni nada parecido... Me conformaría con una foto y que en el reverso me escribieras una declaración jurada de que esta mirada es una edición limitada... ¿¡Tú sabes lo que puedo llegar a presumir con eso!?
-¡Seguro! La gente te va a envidiar un montón....- y otra vez mi mano quiso tocarle. "¿Qué te pasa? ¿Eres una sobona?.." pensé.

Había ocurrido. Tenía claro que quería besarle. Sólo necesitaba una señal, un mínimo gesto y sería capaz de lanzarme. Un aguantar la mirada. Un morderse el labio. Un...

-¿Vemos una peli?

"¿¡¡¡Qué!!!?" grité por dentro. Esa no era ni mucho menos la señal. Mi beso perfecto arruinado. Mi noche romántica al garete. Mi fantasía de mundo de Yupi cubierta de lodo y abandonada en mitad de una cuneta. ¡Qué bajón, por dios!

-Sí, claro...-dije resignadas- si te apetece...- añadí como si nada.
-Las pelis están ahí, a tu espalda, en aquella estantería pegada al sofá- señaló estirando el brazo hacia mí y con él todo su cuerpo vino detrás.

Giré la cabeza para ver las películas y, sin verle, sentí su proximidad. Yo intentaba mostrarme natural, haciendo que leía los títulos pero, en realidad, sólo era consciente de un incontrolable cosquilleo estomacal que cada vez iba a más. Y sentí sed. Y me giré para decirle que quería agua. Pero él estaba tan cerca. Y yo era tan vulnerable. Y él tan "¿vemos una peli" ¿Qué demonios quería decir eso? Y me miró. Y le miré. Y creo haberle reñido con mis superpoderes... Y dijo:

-¿Has visto qué listo soy?- me quedé muda- Me las he ingeniado para estar a milímetros de tu cara...-
Rozó su nariz con la mía y nos besamos.

Morí, resucité y dejó de llover.

miércoles, 4 de julio de 2012

No me preguntes qué es el amor

Yo no sé nada del amor. En serio, no tengo ni idea, Al menos eso creo. Con tres décadas vividas y varias relaciones emocionales en mi historial vital, sigo sintiéndome una ignorante. Tengo la impresión de que todo lo que aprendo anula lo anterior y cuando creo que no puede haber nada más por descubrir, lo hay. A veces malo y a veces bueno. Pero si intento llegar a una conclusión, siempre (y digo, siempre) ocurre algo que le da una vuelta de tuerca más a mis esquemas. Es increíble.

Durante una época pensé que el amor era ese súbito desgarro imperativo de corazón y tripa, sonorizado con acierto por la delicada melodía de unos violines. Había visto demasiadas películas, me temo. Pero, algo parecido a la fe, al fervor del devoto que cree ciegamente en aquello que no ve, crecía en mi interior cual virus destructor de toda sensatez. ¡Oh sí! ¡Quería enamorarme locamente! Hasta creer morir. Como los amantes de la literatura clásica. Estaba preparada para encontrar a esa persona que descontrolara todos mis sentidos y fuera el objeto de toda mi energía emocional.

Obviamente todo estaba en mí. El guión del cortejo ideal, la relación perfecta y el felices para siempre. Se suponía que así iban las cosas. No lo decía sólo yo, todo el mundo buscaba lo mismo ¿no? ¿Ah, no?  ¿Sólo en mi imaginación, quizá?. El hecho es que pasado el tiempo y viendo que los medios disponibles no me permitían dirigir el guión de mi propia película, lancé al aire las páginas invisibles donde había escrito la historia de amor más bonita y mientras caían una a una al suelo yo me desentendí. Puestos a ello, experimenté todos los tipos de relación posibles. Pasé de creer en el amor único y duradero hasta el fin de los días, a no creer en nada que no pudiera comprobar por mí misma. Me crucé con algún que otro chalado y otros tantos embobados de la vida. Pese a ello logré encontrar a personas que me regalaron momentos inolvidables. Aunque la sensación siempre fue de vivir en un ensayo-error permanente.

Pasada mi etapa "experimental" llegó otra más sosegada. Otra poco imaginativa, nada impactante, a veces sentimentalmente rutinaria y sencilla. Derivé en una relación en la que estaban prohibidas las discusiones, los celos, los puntos de vista diferentes.Y durante un tiempo estuvo bien, luego empecé a sentir que no.

La pasión desenfrenada tampoco fue a ningún lado. La viví sí ¡y de qué manera! Amar como si no hubiera un mañana. Vivir al día. Sentir la eterna incertidumbre, el miedo constante a  perder, a no estar a la altura, a fastidiarla. Y cuanto más hacía por no meter la pata, más torpe me volvía. Ese amor brutal que te deja vacía al final. Y todo en tu vida te resulta mediocre en comparación. Un drama, vamos.

Llegados a este punto, no tengo ni idea de qué es el amor. O quizá no quiera saberlo. Así tengo la excusa para seguir investigando y experimentando todas las manifestaciones de este sentimiento, tan disparatadas como abundantes. Al fin y al cabo, la ignorancia hace la temeridad. Y hasta ahora lo único que me queda claro es que ser temerario en el amor es una opción muy recomendable. Temerario y valiente para arriesgar, aún sabiendo que la caída puede ser fatal. Como los amantes de la literatura clásica.