martes, 15 de mayo de 2012

Un nuevo comienzo

Lo confieso, hace tiempo que no escribo en público porque he estado redactando un diario interno con los últimos acontecimientos. Desde el día en que alguien muy cercano me dijo "yo no soy tan profunda como tú", me embarqué en un viaje interior, el enésimo en estas casi tres décadas de vida. Y aunque me hayáis visto más quieta de lo normal, nunca lo he estado en realidad. Mi capacidad para moverme va más allá de lo físico, se inicia siempre desde el interior, desde el pensamiento y el sentimiento. Ambos son mi fuente primera de alimentación. Mi fuerza y mi debilidad. Mi sentido y mi incongruencia. Mi realidad y mi distorsión. Son capaces de regalarme el mejor bien y hundirme en el peor mal. Funcionan a máximo rendimiento día a día, hora a hora, minuto a minuto. Son un engranaje que pocas veces puedo parar o ignorar. Son creación y son destrucción. Sacarles el mejor partido es lo que me ha mantenido ocupada en este tiempo.

Yo soy así, no puedo parar de analizar lo que sucede a mi alrededor, desenmascarar a cualquiera, proyectar mis emociones como si mi apariencia física no fuera más que un velo transparente. Y ya que ahora, después de muchas idas y venidas, empiezo a desarrollar la capacidad de distanciarme de los sucesos y verlos como algo externo a mí, quizá sea el momento de volcar todo ello en una nueva historia. Esa que llevo escribiendo con tinta invisible en mi mente durante los últimos meses. Y sentir, otra vez, la plenitud del escritor que hace de sí mismo una ficción. Y experimentar esa sensación indescriptible de alivio que supone externalizar todo aquello que dentro de ti ha estado retorciéndote. Usar lo reprochable como arma de liberación creativa y lo emocionante como herramienta de belleza narrativa.

 Porque, por mucho que nos cueste aceptar el dolor, superar la decepción y desmarcarnos de lo que nos hiere, al final sólo nos queda avanzar. Porque ser valientes no es más que la capacidad de transformar lo peor en lo mejor que podía habernos sucedido. Porque conformarse no es una opción, los límites no existen y lograr el cambio sólo depende de uno mismo. Cada reto nos hace más fuertes, cada vez que saltamos sin arnés crecemos sin ataduras, cada vez que pisoteamos un desengaño creamos un nuevo resurgir, cada vez que lloramos nos preparamos para sonreír. Nunca está todo hecho, siempre puede ser un buen momento para un nuevo comienzo. He aquí el mío.

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