martes, 24 de abril de 2012

La torpeza elástica del zumo de naranja

Hoy derramé dos veces el zumo de naranja. Y las dos veces fue por tener a mi mente viajando por otros mundos. Sentada en mi cama, apoyando mi espalda en la pared, miro hacia mi derecha y veo la silueta de las azoteas abrazadas por un cielo azul claro, el mismo color de los ojos que admiran la estampa. Y pienso en el zumo y en lo que me pasaba por la cabeza mientras volcaba de un golpe todo el líquido sobre los fogones. Torpeza la mía y fallo de principiante al dar por hecho que puedo estar en varios lugares a la vez mientras realizo una maniobra casi mecánica. Pero así soy yo, cada día aprendo para desaprender después, cada día cambio, cada día hago y deshago y rehago. Conozco y desconozco. Creo en que nada está hecho, nada es seguro, nada es un todo inamovible. Creo en lo que siento y en lo que imagino, en lo que derrocho y en lo que escondo en las profundidades, creo en vivir y en ser. Creo en lo poco común que hay en mí y en lo muy común que desprendo a diario. Creo en la sal y en el azúcar combinados como los polos opuestos. Creo en volar y en saltar encima de la cama. En el confeti y los globos de helio. En que los días pueden ser únicos, en que las personas pueden ser únicas, en que la vida puede ser única. Y por primera vez en mucho tiempo mi torpeza no me molestó. Sonreí al comprobar que sigo pensando en historias, que, pese al desalentador bloqueo creativo, mi mente funciona a base de crear relatos del ahora y perfilo personajes basados en personas reales e imagino situaciones ficticias donde interactúan y a veces son felices y a veces son desgraciados y sus vidas evolucionan a fuerza de destino y casualidad. Y yo soy la veleta que les guía y que marca su viaje en función de los caprichos del viento, siendo el viento mi propia existencia. Así soy yo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Ojalá tengas razón y NADA sea inamovible. Así los "utópicos" que soñamos con cambiar el mundo nos cargaremos de razones y de fuerza, que a veces flaquea porque también somos humanos