domingo, 1 de abril de 2012

El odio al odio

Odio odiar. No hay sentimiento que me disguste más. Odiar es un sensación oscura, vulgar y desorientadora. El odio manipula nuestra brújula hasta llevarnos a perder el rumbo natural y pacifico de la vida. El odio duele y obsesiona, nos deteriora hasta niveles decadentes.

Y, aunque no me gusta odiar, reconozco que algunas veces he estado tentada a recurrir al odio como válvula última y definitiva de escape de situaciones hiriente. Me refiero a odiar a alguien que te hace daño. Dicen que agarrarte al odio te da la energía suficiente como para apartarte de esa persona, desentenderte y buscar nuevos caminos para evitar quedarte estática mientras te ceba a latigazos gratuitos.

Pese a ello, prefiero agotar todas las vías posibles antes de llegar al odio. Prefiero dialogar, analizar, intentar entender... Prefiero incluso discutir, delirar a gritos... Prefiero decir a callar. Porque silenciar los sentimientos y los pensamientos, de manera voluntaria o forzada, es el primer paso hacia el odio. Odio hacia nosotros mismos o hacia aquellos que nos evitan, que nos desprecian, que nos quitan la voz. Y esas personas, al final, no merecen ni que las odies, porque eso ya sería sentir demasiado por ellas.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

no hace falta odiar, a cada uno le llega lo suyo

Anónimo dijo...

yo una vez odié a una persona que me hizo mucho daño. A los 15 días estaba demasiado agotado para seguir odiando (hasta pa esto soy vago). Actualmente me hablo con esa persona e incluso le guardo cierto aprecio. Lo malo lo perdoné aunque no lo olvidé, para no volver a cargarla en el futuro. Ahora vivo mucho mas tranquilo, sin odiar a NADIE que haya conocido en mi vida