martes, 28 de febrero de 2012

Margaritas

Siempre me han gustado las margaritas. Me parecen flores muy sencillas, muy naturales, sin artificios, sin sofisticación, sin pretensiones. Las margaritas de pétalos blancos y corazón amarillo. Esas que se recogen en cualquier campo y se deshojan con la esperanza del "me quiere". Las margaritas me suscitan ilusión, diversión y, a la vez, tranquilidad. Las margaritas me recuerdan al amor.

Como estas flores, el amor es algo puro, salvaje y, al mismo tiempo, tierno y hermoso. Sencillo y vistoso. Fuerte cuando está en todo su esplendor y delicado con el paso del tiempo. El amor, como las margaritas, debe cuidarse pero también disfrutarse, olerse, sentirse. Te envuelve, te hace pisar con delicadeza, casi flotar y te transporta a estados de euforia y paz absoluta.

Pero el amor, a diferencia de las margaritas, no se encuentra con facilidad. Simplemente llega.

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