jueves, 16 de febrero de 2012

La eterna soltera

Reconozco que en ocasiones he arrastrado la soltería como un lastre del que nunca conseguiré librarme. Sobre todo en los últimos años, cuando he empezado a darme cuenta de que en los encuentros familiares soy la única adulta que roza la treintena y todavía exprime la vida como una veinteañera. Sí, a los ojos de la sociedad no evoluciono según la normalidad estipulada por edad y sexo. Por suerte somos muchos los que, por gusto u obligación, nos encontramos en la misma tesitura. Y, aunque es verdad que, a veces, la soledad te hace maldecir tu soltería, también hay momentos en que no tener pareja resulta liberador.

Desde luego no soy partidaria del estar por estar, del conformismo, del amar a medias. Así que no podría compartir mi ruta con alguien que respondiera a esos parámetros de vida. Debido a ello he recibido críticas a cerca de mi alto nivel de exigencia. Es cierto, soy exigente. Igual que espero que lo sean los demás conmigo. Esa es la manera de seguir creciendo, de seguir evolucionando, de ser cada vez mejor. No lo cambiaba por nada. Todo lo bueno que soy se puede traducir en algo malo, igual que todo lo malo se puede traducir en algo bueno. Todo depende del cristal con el que se mire y las ganas de arriesgar que se tengan.

Por el momento seguiré siendo la eterna soltera. A veces a gusto y otras a disgusto. Pero siempre dando lo mejor de mi. Sin reservas.

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