La gente me cuenta cosas. Suelo provocar ese efecto en las personas. Será porque siempre se me dió bien callarme y escuchar. Será porque toda mi vida fui aquella chica en segundo plano de un grupo de gente protagonista con, lo que creía eran, experiencias vitales mucho más interesantes que las mías. El hecho es que desde hace mucho tiempo soy escuchadora. Y complemento esa faceta con otra, la de ser observadora. Escucho y observo. Lo hago a todas horas, no sólo cuando alguien tiene que contarme algo, también cuando paseo, cuando estoy en el trabajo, cuando estoy rodeada de gente o cuando estoy sola. Me observo a mí misma a veces y me escucho internamente. Todo ello permite que tenga un enorme saco de información que uso con diversos propósitos. Uno de ellos es entender lo que ocurre. Y de eso va mi historia de hoy, de aquellas cosas que un día alguien te contó y dejaste almacenadas en algún lugar poco relevante de tu mente. De aquellas cosas que, pasado el tiempo, se convierten en la clave para resolver incógnitas que te traen de cabeza.
viernes 30 de septiembre de 2011
Mecanismos de respuesta
jueves 29 de septiembre de 2011
Bitácora
Llegué a casa triste. No sé por qué el tren de vuelta de mi pueblo me puso tan melancólica. Mi casa actual está a poco más de 45 minutos en transporte público del que fué mi hogar hasta la veintena y me doy pocas opciones para echarlo de menos. Siempre que me apetece voy, sin más. Pero, en los últimos meses, los viajes de vuelta a Barcelona se han tornado grises. Noto que me pongo seria, disgustada quizá, no lo sé. El caso es que abundan los momentos, durante el viaje, en que rompería a llorar sin consuelo. Pero me aguanto, trago las lágrimas e intento mantener el tipo, seria y contenida.
domingo 25 de septiembre de 2011
La Princesa de los ojos rubios
Había una vez, una tierra en mitad de ninguna parte donde el césped era rojo y los árboles púrpuras. Una tierra vasta y frondosa, llena de riquezas extrañas y personas sencillas. Allí vivía una joven de pelo azul y ojos rubios, hija de un rey que no ejercía ningún poder y cuyo pueblo había escogido seguir llamándole por su título. El Rey y la Princesa residían en un pequeño palacete a orillas de un río de agua salada. Regentaban un taller donde creaban lo imposible. Producían por encargo los objetos más inverosímiles e increíbles que nadie haya imaginado nunca. Cuando alguien quería hacer un regalo especial o simplemente tenía una idea descabellada, acudía a su taller y allí lo materializaban. No es extraño, entonces, que La Princesa hubiera crecido con la convicción de que, incluso, lo inalcanzable puediera ser logrado.
jueves 22 de septiembre de 2011
Supongamos que...
Supongamos que tengo una caja....una de zapatos, pongamos. Dentro hay una sudadera, un reloj, una entrada que nunca se llegó a usar, un papel con un mensaje bonito...y algunas cosas más. Está debajo del escritorio, detrás de un ventilador. Supongamos que hace una semana me propuse llevarla a Correos y enviarla lejos. Y pongamos que no pude hacerlo. Digamos que me paralizó la decepción de creer que estaba abandonando una lucha importante. Un reto que había empezado tiempo atrás y al que me costaba renunciar. Supongamos que lloré mientras empaquetaba los mejores recuerdos y pongamos que desplegué mis ejércitos a muerte en la que fue la última batalla.
lunes 19 de septiembre de 2011
El rompecabezas
Solíamos charla durante horas. A veces, incluso, se nos escapaban las noches sin darnos cuenta. Éramos insaciables. No teníamos medida y poco nos importaba. Mirábamos al rededor y la vida seguía a cámara lenta mientras nosotros corríamos hacia una meta indefinida. Pensar no era una opción, actuar era lo único. A cada palabra un reto, a cada reto un impacto directo al corazón, a cada impacto una debilidad, a cada debilidad una razón para dudar, a cada duda un miedo y a cada miedo una única respuesta, la huida. Cobardía profunda que dibujó el fin de una era.
jueves 15 de septiembre de 2011
16 días después...todo sigue igual
Hace 16 días que no escribo. 16 días que no expongo mis sentimientos, ni aquí ni en ningún sitio. 16 días en los que he dejado que me invadiera la racionalidad. 16 días en los que he sido menos yo que nunca.