viernes, 7 de octubre de 2011

A mi hermano (hoy y siempre)

Dicen que los traumas nos marcan de por vida y nos hacen evolucionar de manera distinta a como lo hubiéramos hecho de no haberlos sufrido. Yo no sé cómo hubiera sido si mi hermano no hubiera muerto de cáncer, lo que sí sé es cómo soy debido a ello. He visto cuán frágil es la vida muy de cerca y he sentido cuán desgarrador puede ser el dolor de la pérdida definitiva. No por ello me siento una víctima, ni quiero proyectar esa imagen a los demás. Pero aquello marcó profundamente mi andar en la vida, de eso no tengo la menor duda.


Ya han pasado 14 años de su muerte, los mismos que viví junto a él y todavía hoy se escurren las lágrimas por mis mejillas al recordarle. Creo que nunca seré capaz de poner en palabras lo mucho que le echo de menos. Tengo ganas de hablar con él, de abrazarle, de compartir un rato juntos. Él no está pero su presencia sigue en todas partes. Sigue en mí. Es el recuerdo más bonito de mi infancia y a menudo me pregunto cómo hubiera sido de adulto, si se hubiera sentido orgullosos de mi, si me hubiera apoyado en las decisiones que he ido tomando.

Hace algún tiempo que asumí que no le vería más y que debía seguir con mi vida. Pero él se quedó con parte de mi corazón dejando un vacío que hace que me sienta incompleta. Y eso va a ser siempre así. Saber de antemano que nunca llegarás a sentir la felicidad en su totalidad porque habrá un motivo para estar triste que te acompañará toda la vida, es un lastre que no muchos son capaces de entender.

Hace catorce años perdí a mi mejor amigo, a una de las pocas personas que me han demostrado que el amor puede ser incondicional. Su recuerdo me empuja cada día a creer que puedo lograr alcanzar de nuevo esa sensación. Porque sé que es posible que alguien te quiera tanto que, incluso la noche de su muerte, dilate su agonía sólo por verte una última vez. Con él se fue la Esther ingenua y con su ejemplo dejó aquí a la Esther luchadora. Nunca podré agradecer suficiente su existencia.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Es cierto,es una experiencia la muerte "adelantada".Una experiencia muy dura y que sin duda te marcará de por vida pero el mejor legado que aprendemos está justamente encerrado en ella misma.
En honor a nuestros queridos muertos,sólo nos queda vivir.
Un minuto de silencio para ellos que están siempre presentes!

Comida para Llevar dijo...

Un beso enorme guapa!