miércoles, 19 de octubre de 2011

Improvisando

Tengo ganas de escribir. Tengo muchas ganas de escribir. Tengo tantas ganas de escribir que no sé ni por donde empezar. Creo que debería pensar antes de ponerme a ello pero ¿sabéis? hoy no me apetece pensar. Hoy me apetece sólo escribir. Escribir sobre el bien y sobre el mal. Sobre las personas que me importan y sobre las que no. Quiero componer un texto fiel a mi sentir pero, a la vez, que no tenga nada que ver conmigo. Quiero disponer de toda mi creatividad en este preciso momento y volcarla en palabras sin sentido que puestas en frases se tornen coherentes. Quiero improvisar y ser espontánea, explicar y delirar, soñar y despertar, dejarme la piel en descubrir todo lo que soy, todo lo que tengo, todo lo que puedo dar. Básicamente hoy sólo quiero improvisar, fluir, dejarme llevar sin control, sin razón, sin esquemas, sin cuestionarlo todo. Eso es lo que me apetece y es lo que voy a hacer.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Carta a "Medias Tintas"

Estimada 'Medias Tintas',


Te escribo para despedirme de ti. Tras meses de relación me temo que he dejado de sentir el conformismo necesario para seguir con ésto. Podría decirte que lo siento. Sí, quedaría bien hacerlo puesto que estoy rompiendo contigo. Pero, honestamente (y sabes que siempre lo he sido), no me da ninguna pena decirte adiós. Puede que ésto te duela pero debes reconocer que nuestra relación no ha sido idílica precisamente.

Desde el inicio yo dejé claro que soy una persona intensa, decidida y entregada al 100% a todo lo que la vida pueda ofrecerme. Tú lo sabías y, pese a ello, quisiste permanecer a mi lado durante este tiempo creyendo, supongo, que podría cambiar de opinión, conformarme, digamos. Al principio lo intenté, no te voy a decir lo contrario. Pensé que era mejor ésto que nada. Pensé que el TODO era demasiado complicado. Y me dejé llevar por ti, 'Medias Tintas', me atrajiste con tu estar sin estar, querer sin querer, hacer sin hacer... Era fácil, yo seguía con mi vida, con lo conocido, con lo controlable y, por ende, estable, y obteniendo de ti pequeñas dosis de algo bueno, sin serlo en realidad. Digamos que me afilié al "sí, mucho" y me desentendí del "pero no tanto".

Y ahora quiero dejarlo. Quiero buscar mi propia Totalidad. Quiero encontrar la autenticidad, la valentía absoluta, la ilusión completa, las ganas por encima de todo. Quiero la entrega y la quiero sin límites. Voy a darlo todo, como lo he hecho siempre. Y voy a olvidarte 'Medias Tintas', debo hacerlo.

Estoy convencida de que encontrarás a alguien que desee estar contigo.

Un abrazo
Esther

martes, 11 de octubre de 2011

Una noche cualquiera

-Ya vale- suspiró Clara frente al espejo sin atreverse a mirar su reflejo al completo. Sólo podía observarse por partes. Primero sus ojos, subrayados por un denso color púrpura, luego sus labios, medio escondidos en una mueca de tensa seriedad, su pelo alborotado y su frente brillante. La tenue luz de la lamparita de noche demacraba aún más, si eso era posible, su aspecto. Y, por primera vez en mucho tiempo, se vio realmente fea.


Salió de la habitación intentando no hacer ruido. Abrió la puerta de la cocina y dio al interruptor. El fluorescente parpadeó unos segundos antes de encenderse. Y en ese tiempo pudo verle allí. Era su silueta, de perfil, fregando los platos, esculpido a la perfección por su imaginación. Quiso hacer lo que había hecho tantas veces, acercarse a él en silencio, abrazarle suavemente por detrás y quedarse allí, apoyada en su cálida espalda hasta que terminara su tarea. Pero no se movió, consciente como era de que aquello volvía a ser una proyección de su propia nostalgia.

Se preparó una infusión doble de tila y volvió a la habitación. Se sentó en el borde de la cama. Sintió los pies fríos y se frotó uno con el otro. De repente se le ocurrió preguntarse en qué estaba pensando, pero no pudo responderse. Se preguntó qué sentía y obtuvo el mismo resultado. Se preguntó qué quería y volvió a mirarse al espejo. Bebió un sorbo de la taza humeante y el calor recorrió todo su cuerpo. Suspiró.

-No sé qué debo hacer ahora- susurró- Quizá lo mejor sea no hacer nada- sentenció.

viernes, 7 de octubre de 2011

A mi hermano (hoy y siempre)

Dicen que los traumas nos marcan de por vida y nos hacen evolucionar de manera distinta a como lo hubiéramos hecho de no haberlos sufrido. Yo no sé cómo hubiera sido si mi hermano no hubiera muerto de cáncer, lo que sí sé es cómo soy debido a ello. He visto cuán frágil es la vida muy de cerca y he sentido cuán desgarrador puede ser el dolor de la pérdida definitiva. No por ello me siento una víctima, ni quiero proyectar esa imagen a los demás. Pero aquello marcó profundamente mi andar en la vida, de eso no tengo la menor duda.


Ya han pasado 14 años de su muerte, los mismos que viví junto a él y todavía hoy se escurren las lágrimas por mis mejillas al recordarle. Creo que nunca seré capaz de poner en palabras lo mucho que le echo de menos. Tengo ganas de hablar con él, de abrazarle, de compartir un rato juntos. Él no está pero su presencia sigue en todas partes. Sigue en mí. Es el recuerdo más bonito de mi infancia y a menudo me pregunto cómo hubiera sido de adulto, si se hubiera sentido orgullosos de mi, si me hubiera apoyado en las decisiones que he ido tomando.

Hace algún tiempo que asumí que no le vería más y que debía seguir con mi vida. Pero él se quedó con parte de mi corazón dejando un vacío que hace que me sienta incompleta. Y eso va a ser siempre así. Saber de antemano que nunca llegarás a sentir la felicidad en su totalidad porque habrá un motivo para estar triste que te acompañará toda la vida, es un lastre que no muchos son capaces de entender.

Hace catorce años perdí a mi mejor amigo, a una de las pocas personas que me han demostrado que el amor puede ser incondicional. Su recuerdo me empuja cada día a creer que puedo lograr alcanzar de nuevo esa sensación. Porque sé que es posible que alguien te quiera tanto que, incluso la noche de su muerte, dilate su agonía sólo por verte una última vez. Con él se fue la Esther ingenua y con su ejemplo dejó aquí a la Esther luchadora. Nunca podré agradecer suficiente su existencia.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Lo auténtico. Sin bobadas.

Hoy, después de mucho tiempo, he sentido que, por fin, podía hacer lo que me diera la gana, decir lo que me diera la gana, pensar lo que me diera la gana. Sí, parece que siempre lo hago, al menos en este mundo paralelo y extremadamente honesto de *mejorquebien, pero no es así. Puedo asegurar y aseguro que llevo semanas reteniendo mi más profundo deseo en una minúscula cápsula de acero sumergida en un lugar inhóspito de mi consciencia, allí donde nadie se ha atrevido a llegar nunca. Y si la escondí tan bien fue porque antepuse mi cobardía a mi propio anhelo.


Creí que tenía que luchar pero me rendí, creí que tenía que hablar pero me callé, creí que tenía que viajar pero me quedé quieta. Creí a los que me dijeron "es complicado que funcione" y me resigné en vez de gritar lo que realmente pensaba "¡Bobadas!". Sí ¡Bobadas! Grandes y absurdas bobadas que nos llevan a estar lejos de lo que realmente queremos. Las mismas que nos hacen creer que estamos haciendo "lo mejor para el resto" aunque estemos haciendo "lo peor para nosotros mismos". Las bobadas provocan que dejemos de creer en las cosas que son auténticas, en las cosas mágicas, en las cosas únicas que suceden contadas veces en la vida (o ninguna). Las bobadas nos atontan, nos distraen, nos acobardan y nos apartan del verdadero sentido del todo.

Hoy he decidido dejarme de bobadas. Voy a volver a lo intenso, a lo genuino, a lo explosivo. Voy a volver a creer, voy a hacerlo con todas mis fuerzas. Voy a ser natural, espontánea y disparatada de nuevo. Voy a decir, hacer y pensar lo que me de la gana. Voy a salir y explicárselo al viento. Le diré toda la verdad, le hablaré de lo que no olvido, de lo que no se rinde en mí, de lo que no desaparece. Hay millones de fugacidades por ahí y la certeza invariable escasea. Y me aferraré a ella. Intentar esconder esa verdad es esconderme a mí misma. Y no quiero sentir que me escondo nunca más.