jueves, 22 de septiembre de 2011

Supongamos que...

Supongamos que tengo una caja....una de zapatos, pongamos. Dentro hay una sudadera, un reloj, una entrada que nunca se llegó a usar, un papel con un mensaje bonito...y algunas cosas más. Está debajo del escritorio, detrás de un ventilador. Supongamos que hace una semana me propuse llevarla a Correos y enviarla lejos. Y pongamos que no pude hacerlo. Digamos que me paralizó la decepción de creer que estaba abandonando una lucha importante. Un reto que había empezado tiempo atrás y al que me costaba renunciar. Supongamos que lloré mientras empaquetaba los mejores recuerdos y pongamos que desplegué mis ejércitos a muerte en la que fue la última batalla.

Supongamos que gané aquel enfrentamiento final y ahora...tengo las reliquias del amor pasado en una caja de zapatos.

Suena triste sí, aunque lo cierto es que no lo es.

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