jueves, 15 de septiembre de 2011

16 días después...todo sigue igual

Hace 16 días que no escribo. 16 días que no expongo mis sentimientos, ni aquí ni en ningún sitio. 16 días en los que he dejado que me invadiera la racionalidad. 16 días en los que he sido menos yo que nunca.


Exceptuando pequeñas licencias dramáticas la última quincena ha sido bastante buena. No han dejado de pasar cosas que, hace meses, parecían imposibles. He recuperado las riendas de una vida desbocada por la intensidad de un amor loco. He aprendido a esperar en vez de desesperar, a querer en silencio en vez de exigir a gritos que me quieran, a seguir en vez de paralizarme por el miedo a perder (y a ganar). Debería estar contenta por ello y, sin embargo, confieso que me falta algo. No sé si es algo real o irreal, algo alcanzable o ilusorio, sólo sé que hay un hueco vacío dentro de mí que hace que todo lo demás pierda valor.

Hace 16 días que no me encuentro en ningún espejo, en ningún piropo, en ninguna palabra de cariño y admiración. Y hace 16 días que no paro de escuchar cosas buenas sobre mí. Cosas como que soy una persona increíble, especial y única. Pero al oírlas me quedo helada y, fuera de la gratitud de estar rodeada de personas que me quieren, no siento nada más. Es como si estuviera en otro sitio, lejos, muy lejos, en un lugar remoto en el que sólo llegan los sentimientos más intensos. Y allí, dónde un día creí encontrar lo máximo, me quedo a ratos contemplando el vacío.

Ahora me levanto cada día deseando llenarlo todo de aquel surrealismo que convertía un día cualquiera en el mejor posible. Y, contra todo pronóstico, en algún momento entre ayer y hoy volví a ser esa simpática, alocada y directa persona que arriesga y no se acobarda aún teniéndolo todo en contra. Desplegué mis velas por unos minutos rumbo al sur para luego recogerlas junto a la indiferencia. Y cuando volví caí en la cuenta de que todo sigue igual.

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