martes, 16 de agosto de 2011

La primera cita (Parte 2)

Salí del baño vestida con la ropa que me había prestado. La camiseta me iba algo grande y los pantalones largos, no era el estilo seductor que me apetecía para aquel momento, pero tampoco tenía mucha más opción. Así que intenté darle toda la feminidad que pude a aquella ropa masculina y me acerqué hasta el sofá. Él estaba sentado haciendo como que hojeaba un catálogo de muebles.


-¡Ya estás aquí!- dijo girando el cuerpo hacia el respaldo del sillón para no darme la espalda- ¿Qué tal la ropa?
-Bien, bien... ¡Seca!- sonreí mirándome las piernas y tocando la tela.
-Oye- me echó un vistazo- pues ese pantalón te sienta mucho mejor a ti que a mi- rió.
-Gracias- sonreí tímidamente mientras me acercaba a la ventana y veía como seguía lloviendo a rabiar- ¿Esto no va a parar nunca?
-¿Qué prisa tienes?- dijo él.
-Eso ha sonado un poco a psicópata- reí con cara de desconfianza.
-Sí, vaya, tienes razón... El otro día me compré un libro en el que vienen varios ejercicios para ocultar esos pequeños gestos que delatan mi condición de asesino en serie de mujeres que vienen a mi casa a cobijarse, que de esas vienen tres o cuatro todos los días ¿sabes? Pero aún no he empezado a leerlo...- dijo con la ironía del que se sabe gracioso.

Nos reímos y pude observar en su mirada algo que me hacía sentir segura. Quizá un brote de humildad o sencillez, no sé exactamente qué era pero despertaba mi confianza.

-¿Qué te apetece hacer?
- No lo sé ¿esperar?
-Puedes sentarte si te apetece, no te quedes todo el rato de pié que me incomodas- sonrió
-¿Te incomodo?
-Sí, porque si estás de pié y yo sentado me parece que soy poco caballeroso así que deberé ponerme de pié yo también y será una situación rara, los dos de pié al lado de un sofá tan cómodo...
-¡Bien buscada esa!- le solté mientras me acercaba al lado desocupado del sofá.
-Así mejor.... ¿Quieres beber algo? ¿Vino?
-¡Claro! Pero poco que luego tengo que conducir...

Se levantó del sofá y a medio camino entre éste y la cocina se giró rápido, me señaló con el dedo -índice y dijo buscando una respuesta rápida:

-¿Blanco o tinto?
-Yo prefiero el tinto...
-¡Muy bien! Marchando una de vino tinto para la señorita...

Era como si no pudiera parar de sonreír. Cualquier cosa que decía me parecía que encajaba a la perfección con la escena, con la acción y no era capaz de encontrarle el truco. Así que decidí dejarme llevar guiada por el buen hacer de aquel desconocido. Volvió al poco con una botella y dos copas.

-No, no te preocupes...No es que quiera que nos bebamos la botella entera...

Le sonreí advirtiéndole de que me había leído el pensamiento.

-Es que no tenía ninguna de tinto abierta.
-Ya... las chicas somos más de vino blanco ¿no?- le dije pícara.
-Emmm, esto...- se rascó la cabeza- Para qué negar la evidencia. Rotundamente sí- rió como si hubiera desvelado uno de sus secretos.-Pero veo que te sales de la norma y eso está bien.
-De siempre he sido muy carnívora y el vino tinto es lo que mejor va con la carne...

Puso una divertida cara de terror.

-Ahora el que se asusta soy yo... Con eso de que eres carnívora no estarás diciendo que....- miró hacia los lados- Quiero decir que...-se tocó la tripa- hombre, por aquí podrías... Pero...-se puso las manos en la cabeza- ¡No me comas por favoooor!

La sonrisa inicial se convirtió en una carcajada imparable. Estuvimos un buen rato sin decirnos nada, mirándonos mientras nos reíamos....

-¡Cómo necesitaba esto!- dije sin pensar.
-¿El qué? ¿Un psicópata asesino al que te comerías con una copita de vino tinto?

Y otra vez nos reímos sin tregua.

Continuará.....



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